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El verano es para los maduros

Resultan sólidos, predecibles casi siempre –con excepciones, claro–, valores sin las oscilaciones de la Bolsa y tienen buena y mejorada estampa. Algunos gracias a las estéticas capilares de Vila Rovira como el marqués de Griñón y otros como el escritor Mario Vargas Llosa poniéndose en manos de Nasrin Massumeh. Mano de santo al masajear lo flácido finalmente reafirmado con su «caviar hidrolifting» que idearon por ser originales de Persia, cuna de los mejores granos de esturión del que se conocen hasta cinco variedades. Incluso el gris perla o negro que yo solía comprar en el bazar de las Especias, también llamado bazar Egipcio, justo cruzando el puente de Galata tan lleno y típico. Mi proveedor era el quiosco 67, y allí envié a Naty Abascal y una «troupé» de Maribel Yébenes y Cari Lapique. Volvieron cargadas hasta las cejas, ufanas por haber comprado a mitad del precio habitual y disfrutar de producto de primera mano. Delicioso.

Es una de mis debilidades, y recuerdo una gira rusa siguiendo a Montserrat Caballé a dúo con Nicolai Baskov, una especie de Raphael de las estepas. Putin le cedió a la diva su vagón personal: tenía piano de cola, cuatro mayordomos y dos dormitorios. Un viaje como de otra época con el que nos desplazamos el resto en vagones vips, pero no tanto. Caballé y Baskov patearon el inmenso territorio siempre rendido a esta infrecuente unión de la estrella lírica con el pop moscovita. Versionaban «ojos negros» como gran propina enardecida.

Pero a lo que voy: a la perennidad de nombres maduros situados en el calendario estival. Lo encabezan, como hit o best seller, Carlos Falcó, Mario Vargas llosa, Richard Gere y María Teresa Campos. El liderazgo de este ránking veraniego no es para David Bisbal –Bustamante ya cuenta poco– ni para la guapa Paula Echevarría. Tampoco para Amaia Salamanca que aburre tan repetida como Sara Carbonero, otra incombustible. Casi nos hacen añorar a una Anita Obregón siempre batiendo marcas, hoy lanzada al programa autorretrato –supongo que sudarán los montadores suprimiendo excesos o boberías–. Lo estrenan en septiembre y se proponen endulzar la vuelta de vacaciones que ya supone síndrome reconocido y aceptado psicológicamente como en medicina lo hacen con el «síndrome de las batas blancas» causado al ver a un médico con ropa de trabajo.

Vips objetivo a seguir y perseguir. Los ojos no estarán puestos en la antaño cortesana y reverencial y aduladora Palma de Mallorca y su decaída Copa del Rey de Vela Mapfre –este año de 35 aniversario–, donde el monarca de turno sigue acudiendo por horas. Marca terreno, cumple con lo estrictamente laboral –rara expresión tratándose del quehacer real– y sólo da lo justo. Doña Letizia cuida excesos, mide gestos, descuida taparse más los hombros y no oye las recomendaciones de alternar los diseñadores de sus estilismos como hacen Máxima de Holanda, reinona donde las haya, o la joven duquesa de Cambridge, Kate Middleton, siempre promocionando marcas inglesas mientras Letizia a veces lo hace con Mango o Zara, abusando de Hugo Boss y Escada, de origen alemán e italiano.

Griñón y Esther Doña darán juego, acaso los pillen en pleno baño como no sucederá con María Teresa Campos, que se remoja hasta con pareo por el cuello y su inseparable Bigote Arrocet. Misteriosos resultarán Isabel Preysler y el Nobel mientras Richard Gere caerá aquí por septiembre gozoso el estío norteamericano ahora en buena compañía «made in Spain». Seguro que coincidiré con ella bajo los plateadores rulos que Mary Ángeles Cáceres enrola a su rubia melena. Este verano se impone la veteranía y ellos la tienen sin perder nunca estilo. Un buen plan vacacional.

Source: Life Style

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Author: Redacción

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