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Isabel Pantoja se equivoca vetando a la prensa

Vuelve por sus fueros, o más bien desaciertos, limpia de polvo y paja. Como si no hubieran pasado los años, olvida la condena que tanto la cuestionó ante el pueblo, deseoso de justicia ejemplar. La encerraron, pagó y a otra cosa. Acaso temiendo preguntas hostiles, sostiene el narcisismo que siempre tuvo y maltrata a los informadores. Isabel volverá a demostrarlo esta noche, cuando reaparezca en un escenario muy alejado de lo proyectado hace un año, cuando Universal ya montaba la triunfal rentré de la hoy ex carcelada. Entonces pidió a la Comunidad la sala roja de los Teatros del Canal. Hablaron, quizá regatearon y nunca más se supo. Intentaron en La Zarzuela, majestuoso y a tono con las pretensiones. Tampoco. Finalmente recurren al reinaugurado Carlos III de Aranjuez, nada vinculado a la altiva folclórica, que sigue imponiendo una bochornosa y anticuada lista negra.

Artista en hacer noticia

Han vetado a veinte medios. Y a los periodistas que sí asistirán, deseosos de cubrir esa información –que personalmente me resbala, igual que siempre– de morboso interés, les han advertido de no preguntar por la superada, pero no olvidada, reclusión en Alcalá de Guadaíra. Estar enchironada dos años le produjo muchos beneficios publicitarios constantemente alentando noticias lacrimógenas. Es una táctica que aprendió al dejar de ser la llorosa viuda de España, cuando al año de perder a su marido vendió sus primeras declaraciones enlutadas a la revista habitual. Le pagaron 15 millones de pesetas de entonces, un dinero. Obtiene beneficio hasta de las piedras, artista también en hacerse noticia. Así lleva cuarenta años. Supera cualquier incidente que mejore su evidente impacto.

Por eso me choca la cerrazón que demuestra esta noche, donde no admitirá ni a «Pronto», la que más revistas vende de España. Tengo una veintena de acreditados compañeros, Chelo García Corés entre ellos, encabezados por mi nombre, marginados en el «happening» que obliga a moverse fuera de Madrid, donde podrán verla en pantalla gigante, eso sí, con inaceptables recortes contra la libertad de expresión e información. Supongo que las pantallas disimularán su pilosidad facial, bigote y patillas, que tanto comentamos entonces cuando era mujer de pelo en pecho. No se arredraba ante nada y en Aranjuez será vista y admirada en plan «calla, mudita». De chiste.

La semana pasada, suponiendo recortes, inquirí detalles al representante de esa discográfica que apoya y colabora en tal manejo. Imperdonable. «¿Cómo te llevas con ella?», me preguntaron, cuidadosos de no incordiarla. «Pues, no lo sé. Hubo de todo, momentos de rechazo y un reencuentro cordial por Encarna Sánchez al estrenar «Yo soy esa». Aunque no duró porque esa noche llevó pendientes de turquesas, propiedad de Encarna. Lo conté y se enfureció. Aún no sé por qué aquel cabreo monumental de Isabel por sólo descubrir algo frecuente entre amigas. Yo suelo hacerlo con gemelos y relojes. No creo que alguien me lo explique. Julián Muñoz, buen amigo, luego nos reconcilió, cegado por ella, cual la locutora del «Directamente Encarna».

No entiendo por qué traga, consiente y apoya Universal esta afrenta a los informadores. Isabel vuelve a equivocarse sin inocencia, como la paloma de Alberti, y se equivoca creyéndose la mejor o que no ha pasado el tiempo. La cárcel no mejoró su poderío.

Source: Life Style

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Author: Redacción

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