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Gustavo le dobla la ropa interior a María Lapiedra

“Cuando veo a María, sigo poniéndome nervioso ¡como el primer día! Mariposas en el estómago, suena cursi, pero es así”. Gustavo González sonríe como un adolescente tímido cuando me habla de María Lapiedra, “me da rabia que se cotillee sobre los polvos y todo eso, no es una relación puramente sexual, hay un gran cariño, muchas veces nos dormimos en brazos el uno del otro, sin más, yo hago lo que sea por ella, le he puesto lavadoras, doblaba su ropa interior con mucha ternura mientras se recuperaba de su operación… por cierto, que el “otro” no hacía nada… ¡yo realizaba las tareas de la casa con alegría y naturalidad!”.

El hombre del momento intenta expresar lo que siente por su Pascualina del alma, “es muy distinta de lo que cree la gente, es inocente, espontanea, dulce, cariñosa…” Me pongo a ejercer de abogada del diablo, le advierto que la clandestinidad y el ocultamiento son un acicate para la pasión y que lo normal sea que su amor sucumba ante los escollos de la cotidianeidad, y mueve la cabeza tercamente: “hemos estado juntos ocho años, eso es una relación sólida y seria”. ¿Y ahora qué?, le pregunto. Suspira, “pues deseando que este espectáculo pase, y volver a mi vida normal, hacer pública nuestra historia no me ha traído más que problemas, con mis hijos, que es lo que más me importa del mundo, y hasta con mi exmujer, con la que tenía muy buena relación y ahora se ha estropeado…” Le pido que me aclare qué entiende por vida normal, “la que voy a compartir con María, por supuesto”. Inquiero si van a vivir juntos y hace un gesto exagerado con la mano, “oh, para eso falta mucho aún… ¡Pero llegará, claro que llegará!”


Source: Love is

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Author: Redacción

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