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Alba Carrillo apunta a Nieves Álvarez

Acabaron con los pelos de punta los colaboradores de Moncho Moreno, una plantilla que encabeza y dirige Mari Ángeles Cáceres, que está radiante tras haber soltado doce kilos. Recupera el tipo manteniendo su habitual maestría como peluquera. El frasco de las sales o su más moderno sucedáneo corrió de sillón en sillón entre las clientas. Hasta los chinos tan decorativos del papel rojo que forra las paredes de la peluquería entrecerraron sus ojos ante lo que estaban oyendo. Alba Carrillo, en manos de Gavino, que la peinó para su frustrado emparejamiento con Feliciano López, procuraba calmarla como no conseguían sus ágiles dedos expertos, dispuestos a aplicar mechas aclaradoras a la rubia. Un espectáculo seguido como el concierto de Heras Casado en el Teatro Real, donde reapareció Anne Igartiburu con un pijama blanco y arrugadísimo. Consciente de su facha, se mostró antipática con los medios, siempre compañeros sufridos. Decepcionó en esta «rentrée». Se la vio tensa, molesta y malhumorada, ¿pero qué esperaba? Malo el día que no suscite tanta expectación, sobre todo si asiste a un gran concierto de su joven, apuesto y tan cordial marido, donde su batuta no pone orden en tan insólito desconcierto.

Lo mismo sucedió con el desahogo de Alba bajo los papeles plateados que aclararían su melena. Es habitual de estos salones de Lagasca-Alcalá, frecuentados por cantidad de vips jóvenes, aunque haya equilibro de remaduras con Cristina Valls Taberner, siempre yendo y viniendo de Santo Domingo. Tiene allí su segunda residencia. Un encanto extensible al resto de familiares. ¿Qué se ha hecho de la firma Chris & Cris y su negocio de corbatas?. Habrá que investigarlo, como ya no se precisa ante la directa que durante más de una hora larga se manifestó esta Alba experta en cazar famosos. No tiene un ideal de hombre y lo mismo se prenda de la rotundidad de Fonsi Nieto, padre de su hijo, que del más felino Feliciano.

Un culebrón interminable, lo comentábamos como desde anteayer lo hacen en un runrún casi jocoso. Toman el lado cómico de tal desastre amoroso, y son muchos los que sostienen que el tenista se casó forzado. Parece increíble en alguien experto en conquistas efímeras. Alba forzó un enlace al que ahora saca partido; las penas se alivian si están bien alimentadas. Él permanece mudo, la distancia como olvido. Y ya no se inmuta cuando le llegan despatarres como el de su última ex, atendida por su amigo Gavi. Las peluquerías son desde siempre lugar de relax, explayamiento y como un confesionario, pero donde no está vigente el secreto de confesión. Todo se puede contar. Y es lo que ahora hacen, dando pelos y señales de la aparente indignación de la abandonada casi con aire de ranchera de José Alfredo. Fue único cantando amores y desamores, lástima que el tequila se lo llevase por delante, lo mismo que a Chavela.

«Me consta que lleva dos años obsesionado con Nieves Álvarez, si yo os contase», reconoció Alba a la del sillón vecino, que no daba crédito. Por respeto callo su nombre, aunque podría revelarlo. Alba no lo dijo a media voz. Para dejarlas enteradas de extremo a extremo, soltó el chorro de voz, convirtiéndose en protagonista de una mañana en que, además del pelo, aclaraba sus ideas. Hubiesen tenido que pagar el doble por el inesperado «show» amenizado con pastas de té, que calman el desmayo de media mañana. En la película «Mujeres», de George Cukor –un retablo femenino que hizo historia–, su protagonista se entera de la infidelidad conyugal oyéndosela revelar a la manicurista. Lo mismo pasó para goce de la veintena de clientes que bajo peinador negro apenas tapaban sus risas. Un numerazo. Eso.

Source: Life Style

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Author: Redacción

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