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Carlos, el heredero impopular

Sin duda éstas han sido las peores Navidades de la reina Isabel II de Reino Unido. La salud de la monarca, que lleva casi 20 días sin hacer ninguna aparición pública, tiene en vilo al pueblo británico. Aunque el Palacio de Buckingham ha intentado quitar hierro al asunto alegando que sólo se trata de un «fuerte resfriado», la prensa inglesa no ha dejado de especular sobre su estado de salud y se plantean ya las posibles opciones sobre el futuro de la monarquía británica. Por primera vez en 28 años, la nonagenaria Isabel II no acudió a la cena de Navidad celebrada el 25 de diciembre en Sandringham y tampoco a la tradicional misa que se celebra el día de año nuevo, donde sí pudimos ver al resto de miembros de la familia real británica.

Otros dos hechos hacen desconfiar a los británicos sobre si su reina está más grave de lo que en el Palacio de Buckingham quieren hacer creer. El primero es que no se ha hecho oficial su agenda pública de 2017 –que normalmente se notifica en noviembre–, y el segundo, la reducción de su labor institucional y de patronazgo.

A las especulaciones sobre la salud de la reina se suman las teorías sobre el futuro de la monarquía británica. Es un secreto a voces que el príncipe Carlos no goza de la popularidad de Isabel II, ni de la de su hijo, el príncipe Guillermo, a quien las encuestas siempre han situado como candidato favorito a suceder a la monarca. A sus 68 años, el príncipe de Gales es el heredero más veterano de la historia de Reino Unido y su vida pública ha estado siempre en el ojo del huracán. Su divorcio de la princesa Diana y su «affaire» con Camila, su actual esposa, causó estragos en la opinión pública británica. De hecho, según el diario «Express», en agosto de 1998, tras el fallecimiento de Diana, Carlos sólo contaba con el 39% de apoyo entre los británicos. Su último gran escándalo fue la publicación de una serie de cartas que escribió en secreto a varios ministros con la intención de influir en sus políticas. Algo que fue muy mal visto y que puso en entredicho la neutralidad que debería mostrar el futuro monarca.

A día de hoy, aunque el apoyo haya aumentado, no consigue superar el grado de popularidad de su hijo. Según una encuesta de 2016, Carlos cuenta con el 60% de apoyo entre los británicos, lejos de su hijo, que cuenta con el 79%, justo detrás de Isabel, que encabeza la lista con el 81%. Carlos es el eterno aspirante al trono y parece que los británicos quieren que siga siendo así. Ipsos MORI, una de las empresas de investigación de mercado líder en Reino Unido, realizó una encuesta en abril de 2016 con motivo del 90 cumpleaños de la monarca. De acuerdo con ella, sólo el 21% de los británicos considera que la reina debe abdicar en su hijo, mientras que el 70% prefiere que «permanezca en el trono lo máximo posible».

En caso de que Isabel decidiera abdicar en su primogénito no estaríamos ante algo excepcional ni novedoso para los británicos. El tío de la actual sobrerana, Eduardo VII, renunció a su título en 1936 para poder casarse con Wallis Simpson, una americana divorciada. Fue de esta manera como su hermano, Jorge VI, padre de Isabel, subió al trono y convirtió posteriormente a su hija en la actual reina. Ni su pueblo quiere que ella abdique ni la reina ha sentido nunca el deseo de hacerlo, según reseña Sarah Bradford, biógrafa real. La escritora aseguró a «Express» que la soberana «siente que debe hacer su trabajo y por eso nunca ha contemplado la abdicación». La popularidad de la que goza la monarquía británica va enormemente ligada a la personalidad de Isabel II.

Aunque Carlos no cuente con el favor del pueblo, sí lo hacen su hijo Guillermo y la esposa de éste, Kate. De hecho, una mayoría de británicos preferirían verles a ellos como futuros monarcas antes que a Carlos y Camila. «The Daily Mirror» lanzó en 2015 una campaña entre sus lectores sobre quién preferirían que fuera el futuro rey de Inglaterra: El 58% de ellos eligió a Guillermo como sucesor antes que a su padre. Y es que la popularidad de la que gozan los duques de Cambridge hace que algunos medios se planteen el hecho de que el trono debiera pasar directamente a ellos, con el fin de darle más seguridad y estabilidad a la monarquía y «preservar la institución», según comenta «Expresss».

Los más queridos

Guillermo y Kate han preferido mostrar un perfil más bajo respecto a otros miembros de la casa real británica. Pero este 2017 va a ser diferente para ellos. «The Telegraph» confirmaba que, tras dos años viviendo en su casa de campo de Anmer Hall, en Norfolk, la pareja tenía entre sus planes mudarse a Londres. Con este traslado aumentarán sus deberes reales, que serán a partir de entonces «a tiempo completo», ya que el duque abandonará su carrera como piloto de helicóptero en marzo. Según este diario, el matrimonio habría comentado a sus amigos más cercanos que los nuevos papeles que van a desempeñar durarán hasta que se conviertan en rey y reina.

Guillermo y Kate vivirán junto a sus dos hijos en el Palacio de Kensington. Su primogénito comenzará a estudiar en la escuela de Wetherby, muy cerca de esta residencia y donde acudieron su padre y su tío Enrique. El colegio privado, que cuesta 7.000 euros el trimestre, es sólo para chicos. Según la prensa local, fuentes de la casa real aseguran que ambos quieren tener más presencia en actos oficiales y por ello se prevé que su agenda social aumente de manera considerable este año. Además, la reina, que cumplirá 91 años en abril, y su marido, el duque de Edimburgo, que celebrará sus 96 en junio, quieren delegar en ellos ciertas responsabilidades, aunque pretenden seguir, si su salud se lo permite, al pie del cañón de la monarquía británica.

Source: Life Style

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Author: Redacción

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