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Carlos Sobera: «Me río de mí mismo para mantener los pies en la tierra»

Carlos Sobera sorprendió a todos el año pasado cuando compró el Teatro Reina Victoria de Madrid por siete millones de euros. Este recinto histórico es su nuevo patio de recreo profesional, donde puede disfrutar de su gusto por la interpretación programando y participando en obras echas, prácticamente, a su medida. Una de ellas es «5 y acción», en la que comparte reparto junto a Marta Hazas, Marta Belenguer, Ana Rayo y Javier Veiga –que también es director–. La representación, que permanecerá hasta el 18 de marzo en el citado teatro, cuenta de forma satírica las particularidades del mundo del espectáculo, algo que Sobera conoce a la perfección, ya que ha hecho de todo: ha formado publicistas, y trabajado como presentador de televisión y como actor en series, cine y escenarios. Solo le faltaba ser propietario.

–Están restaurando la fachada, ahora mismo desluce un poco todo.

–Vamos a cambiar la marquesina, que fue transformada en los 60, y devolverle su diseño original, de 1916, cuando se construyó. Queremos reproducir casi con exactitud el balcón por el que salió la reina Victoria Eugenia a saludar al pueblo de Madrid.

–¿Por qué a la gente que pertenece al mundo del espectáculo le gusta tanto reírse de él?

–Lo hacemos por prudencia. En el fondo, está muy bien que nos tomemos a broma nuestra profesión porque es una forma inteligente de mantener los pies en la tierra. Además, hoy en día convertimos todo en un «show»: desde la política hasta los procesos judiciales. Por lo tanto, está genial que esta obra está aquí y ahora.

–Es un texto muy crítico y tiene una actitud ideológica de izquierdas. ¿Por qué en España el sector del espectáculo se relaciona casi siempre con ese sector?

–En este colectivo son más comunes los pensamientos progresistas que los conservadores. Pero supongo que, incluso en ese supuesto, nada te impide acercarte a todos los puntos de vista, porque es enriquecedor para formar tu propia opinión. Además, en este trabajo te diriges a seres humanos, independientemente de su ideología o religión, así que, como profesional, no puedes obviarlos.

–En el espectáculo se emiten imágenes por una pantalla, ¿se dirige el teatro a un uso cada vez más habitual de la tecnología?

–Bueno, siempre ha sido tecnología puntera cuando aún no existía el cine. Desde entonces ya se realizaban trucos interpretativos y escenográficos, y hay ciertos géneros más ligados a la tecnología, como el musical, donde se debe utilizar todo lo que esté a tu disposición para sorprender al público. En el teatro clásico, digamos de autor, o de texto, sí que es más secundaria e instrumental, para ayudar. La luz, por ejemplo, está simplemente con el fin de iluminar al actor. A mí me encanta que el teatro incluya, sobre todo, la tecnología audiovisual, es decir, el cine o la televisión, porque no dejan de ser también espectáculos en directo que han surgido de la evolución del teatro y su unión con algunas herramientas como las cámaras.

–¿Es difícil pasar de rodar para televisión –que puedes parar y volver a empezar–, y horas más tarde estar actuando en el teatro, que no permite equivocarse?

–El teatro es un trabajo sin red, se abre el telón y tienes que continuar hasta el final sin parar. Por cualquier cosa anormal que pueda pasar, debes tener capacidad de reacción e improvisación y saber reconducir con tus compañeros todo hacia el objetivo final, que es acabar la función con sentido. La responsabilidad y el peligro son mucho mayor porque en televisión y en cine los errores son subsanables y no ocurre nada. En teatro un fallo afectará, incluso, a la narrativa. Te lo puedes cargar todo en un segundo.

–Y entre la televisión y el teatro, ¿cuántas horas trabaja Sobera a la semana?

–Mogollón. Grabó «First Dates» todos los días. Los jueves y los viernes cuando termino allí me vengo al teatro a hacer la función, que son casi dos horas. Los sábados hay doble representación, y el domingo otra por la tarde. Vamos, que a lo largo de la semana curro bastante.

–Usted es un ejemplo para tirar abajo el mito de que la gente del espectáculo cuenta con mucho tiempo libre.

–Cuando se hacen programas, como mi caso, tienes más tiempo, pero los horarios de los actores de televisión o cine son salvajes. De levantarse a las 6 de la mañana, pasar dos horas de maquillaje, empezar a grabar a las 8 y acabar a las 7 de la tarde. No resulta nada glamuroso.

–Pero es gratificante.

–Claro que sí. Nosotros vendemos diversión, optimismo, energía… nuestro trabajo es alegrar las penas y dulcificar la vida de los demás. Cuando llego a un hospital y me dice alguien que lo está pasando mal pero todas las noches ve «First Dates» y sonríe, yo pienso que ese es el verdadero fin de mi trabajo.

–Para acabar, quería preguntarle un pequeño detalle de «First Dates». ¿Se cree las frases que dice sobre el amor en el programa?

–Sí, hombre. Muchas de ellas se sostienen una vez visto lo que ocurre con las parejas. Es decir, tienen una base empírica, comprobable. Solemos encontrarnos con parejas reales a las que pensamos que ciertas frases les vienen que ni pintadas.


Source: Life Style

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Author: Redacción

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