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Carmen Sevilla, música para salir del olvido

Antes de que Carmen Sevilla sufriera alzheimer, las celebraciones de su santo y su cumpleaños eran motivo de alegría y de reuniones con los íntimos. La artista gustaba de rodearse de los incondicionales, de esos amigos de toda la vida que hoy, 16 de julio, festividad de la Virgen del Carmen, no estarán a su lado.

Moncho Ferrer es el único de ellos que mantiene contacto actualmente con Carmen. Y se presta a una entrevista en exclusiva con LA RAZÓN para ponernos al día sobre el estado de su gran amiga: «Celebraremos con Carmen su santo, su hijo Augusto, yo, y, posiblemente, sus nietos. Le llevaré un ramo de rosas de color “chicle”, que le gustan mucho, una estampita y una medalla bendecidas por el Papa, que le ha traído Paloma Gómez Borrero, un par de diademas y un cepillo, que le encantan, y estaré con ella toda la tarde. Voy a verla todas las semanas y te aseguro que está muy bien cuidada. Decir que se encuentra mejor de su enfermedad sería una tontería porque sufre un estado progresivo del alzheimer. Cuando voy, me mira y realiza un leve suspiro de cariño. Quiero pensar que, de alguna manera, me reconoce. Me coge la mano y se la pone en su cara, mientras le canto algunos de los temas que ella hizo populares. A Carmen le ponen música en su habitación a modo de terapia de la memoria, y me dicen que, a pesar de su estado conoce algunos de esos temas».

–¿Le sigue gustando comer milhojas?

–Le acerco el pastel a los labios y lo chupa.

–¿Cómo se encuentra físicamente?

–Bien. Muy guapa de cara, sus ojos siguen siendo muy expresivos, la piel se le ha puesto tensa, tiene una nariz muy bonita y una sonrisa lívida. El corazón le funciona perfectamente. Me emociono cuando cuento estas cosas porque estamos hablando de una mujer muy especial en mi vida. Es muy duro verla así… Cuando salgo de la residencia me cuesta mucho reponerme.

–¿Tiene algún tipo de dolores?

–Ni los tiene ni se queja.

Carmen, según explica Moncho Ferrer, «está en una habitación amplia, con un armario y un baño grande, un mirador desde el que contempla el campo y una cama, un sofá y un tresillo. Es una especie de suite con todas las comodidades que necesita».

Una de las enfermeras de la residencia nos cuenta que «la señora se pone muy contenta cuando ve a Moncho Ferrer», y éste añade que «hemos vivido muchas cosas juntos, giras por España y por América, múltiples momentos personales… Y desde que cayó en este estado de silencio me siento muy mal».

–Su madre sufrió su misma enfermedad.

–Sí, y murió con 99 años en otra residencia.

–¿Por qué su hijo Augusto no permite las visitas?

–Yo estoy completamente de acuerdo con esa actitud. Carmen lleva enferma cinco años y todos aquellos que no fueron a verla en su casa, qué sentido tiene que le visiten ahora. Los más allegados se ponen en contacto conmigo o con Augusto y les ponemos al tanto del estado de Carmen. Ella no puede estar recibiendo gente continuamente, necesita tranquilidad… Sufre una enfermedad muy cruel, muy dura y muy pesada de llevar. Y los amigos más íntimos han entendido la actitud de Augusto. Prefieren recordarla como era, a verla como está… Si la vieran les entraría mucha tristeza. Y no me refiero al físico sino a la memoria. Porque, a sus 85 años, físicamente está estupenda.

–¿Cómo vive Augusto la situación?

–Pues con preocupación, igual que todos los que queremos a su madre. Y quiero que sepas que se está portando muy bien, es un gran hijo, y va a ver a Carmen varias veces a la semana, la quiere muchísimo.

Otro de los amigos de la ARTISTA, Gonzalo Presa, se duele de que «la enfermedad haya llevado a Carmen a no reconocernos». «Aún recuerdo lo bien que lo pasábamos cuando nos reunía en su casa, en el mesón que hay junto a su portal o en el restaurante Los Porches del Parque del Oeste. Hoy es un día triste para todos los que la queremos porque la vida ha dado un vuelco terrible para una mujer que ha sido una gran artista y mejor persona», expresa.

El director del Museo de Cera de Madrid confiesa a LA RAZÓN: «Prefiero quedarme con la imagen de la Carmen de siempre, de su belleza, sus risas… Por eso, es mejor que no me acerque a la residencia en la que está internada, me daría mucha pena verla en su estado actual».

A aquellas celebraciones acudían Marily Coll, María Rosa, Moncho Ferrer, el mismo Gonzalo Presa, el único hijo de Carmen, Augusto, la ex mujer de éste, y otros amigos de su círculo más personal. Esta tarde no habrá ninguna fiesta en la residencia Sanyres de Aravaca, solamente estarán a su lado su hijo Augusto, Moncho y, probablemente, sus nietos. La artista no reconoce a nadie y no sabe apreciar lo que es una fiesta. Su mirada perdida se desvanece en medio de los jardines en los que pasea cada tarde con una enfermera. Conserva la belleza de antaño, pero el semblante alegre que le caracterizaba se ha tornado en tristeza.

Una fuente de la residencia nos desvela que «doña Carmen hace una vida muy tranquila, ha adelgazado unos kilos y pasa horas en su habitación. La vienen a ver su hijo y un amigo todas las semanas y no hemos visto por aquí a ningún famoso que quisiera estar con ella un rato».

En el fondo de su memoria, Carmen Sevilla tiene retazos de tiempos pasados, de momentos inolvidables. Desgraciadamente, hoy, el alzheimer le impide recordar que es un día muy especial para ella, el de su santo.

Source: Life Style

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Author: Redacción

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