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Carolina de Mónaco teme ser la viuda de Hannover

Hace meses que el príncipe Ernesto de Hannover no se deja ver en la esfera pública. Esta ausencia ha provocado la alarma de la prensa alemana, que especula sobre graves problemas de salud del aristócrata y, según la revista «Die Aktuelle», también la preocupación de su todavía esposa, la princesa Carolina de Mónaco. A pesar de que el matrimonio dejó de hacer vida en común en 2009, continúan oficialmente casados. Carolina, cinco años después, sigue firmando como Princesa de Hannover y se muestra reticente a dejar de pertenecer a una de las casas reales más antiguas de Europa y a abandonar un título más importante en la jerarquía real europea que el de Princesa de Mónaco. Sin embargo, el divorcio le reportaría a la mayor de los Grimaldi un aumento de 4.500 millones de dólares en sus finanzas; la mitad de la fortuna estimada de su ex pareja, lo que tendría derecho a recibir según la ley alemana. Si Ernesto falleciera, ella pasaría a la historia como la viuda del jefe de la Casa de Hannover, aunque el heredero sería el hijo de éste con un matrimonio anterior, Ernesto Augusto, nacido en 1983. Fuentes cercanas a la familia aseguran que, a pesar de los escándalos e infidelidades, Carolina sigue guardando un gran afecto por el padre de su hija Alexandra, como demostró al defenderle en un complicado juicio por agresión en enero de 2010.

Pese a que ha pasado más de un año desde la última vez que el también duque de Brunswick se dejara ver en público, en el Oktoberfest de septiembre de 2014, no es la primera vez que Ernesto pasa largas temporadas en el anonimato. Predicador del dolce far niente y enemigo de los actos sociales y protocolos principescos, no acudió a importantes eventos como la boda de los Príncipes de Asturias, aun siendo primo de la Reina Sofía. Además, su carácter en ocasiones violento y sus salidas de tono le han ido convirtiendo en una de las personalidades más controvertidas del panorama social.

Hace años que Ernesto arrastra graves problemas de salud, en parte ocasionados por su afición al alcohol y por un estilo de vida desenfrenado. Su primera estancia en el hospital llegaría en el año 2000, durante un banquete, aunque el episodio más grave lo viviría cinco años después, al ser ingresado de urgencia por una pancreatitis aguda que le llevó al coma en la víspera del fallecimiento de su suegro, Rainiero. En 2009, Carolina se separó de él tras saber de su infidelidad con una bailarina rumana de clubes nocturnos, Simona, a la que él convertiría en su pareja durante cuatro años. A pesar de su salud ya delicada, Ernesto se negó a abandonar la senda de excesos y siguió siendo un asiduo de las noches de Ibiza, donde pasa largos periodos que combina con estancias en la isla keniata de Lamu y su castillo austriaco. En 2011, tuvo que ser nuevamente hospitalizado.

Source: Life Style

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Author: Redacción

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