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El débil destello de la joyería valenciana

Valencia era rica. Navegaba en velero, conducía fórmulas uno y celebraba fiestas por todo lo alto. Saraos a los que señoras y señores acudían engalanados con diseños caros y joyería de muchos ceros. Pero el año 2007 llegó a su fin y con él los fastos cotidianos. Batacazo del consumo; del doméstico y del lujo, que vio cómo poco a poco establecimientos emblemáticos para la «beautiful people» valenciana bajaban la persiana. Más de cuarenta joyerías de la capital cerraron sus puertas ante la escasa demanda. Las más afortunadas se trasladaron a zonas con alquileres más bajos y locales menos aparentes; las otras dijeron adiós para no volver. Al menos, ocho años después del inicio del caos económico siguen sin dar señales de vida.

Giménez (en la céntrica Plaza del Ayuntamiento) fue una de las víctimas más sonadas. A ella se fueron sumando Armando Martínez, Yanes o Bulgari, en la exclusiva calle Poeta Querol.

Hoy, cuando todos aseguran que ha pasado lo peor, la joyería inicia una nueva etapa que promete. Así lo creen los que han sabido adaptarse al cambio. Entre ellos se encuentra Argimiro Aguilar, el propietario del negocio que lleva su nombre y que ahora ocupa el local que dejó en su día Yanes.

«Creo que serán las mejores Navidades desde hace muchísimos años», vaticina el esperanzado joyero. De hecho, calcula que podrían llegar a aumentar la facturación un 15 por ciento con respecto a la campaña pasada. Una cifra «fruto del esfuerzo y de la experiencia» que les han dado los malos momentos. «Hemos trabajado mucho», presume el empresario.

Llegar hasta la calle Colón en una de las peores recesiones que ha vivido el país no ha sido fácil. Mantenerse tampoco lo será, pues además de a las fluctuaciones del caprichoso mercado del lujo se enfrentan a los amantes de lo ajeno.

Aguilar recuerda el único robo que sufrió, allá por el año 2013, cuando una banda de delincuentes profesionales reventaron y vaciaron sus cinco cajas fuertes a plena luz del día y en el centro neurálgico de la ciudad.

«Siempre hemos sido, junto con los estancos y las perfumerías, objetivo prioritario de las bandas de butroneros, pero desde que empezó la crisis, la situación ha empeorado».

Para luchar contra esta lacra, los empresarios del sector han multiplicado por diez las medidas de seguridad, contratado más vigilancia y se han puesto al día de los últimos sistemas de prevención de robos.

Lo que no consiguen es acabar con los descuideros que hacen su agosto en fechas navideñas. «El perfil ha cambiado. Ahora son, sobre todo, señoras que, cuando las descubres, alegan un despiste para justificar que se llevan tres pulseras». Sin embargo, la joya preferida por lo que llama «espabilados» son los anillos. Y en este punto hace una pausa para alabar la labor de la Policía, «cuya actuación y rapidez es impresionante».

«Valencia es una ciudad de joyas. Nos gustan. Nos gusta el brillo. Solo hay que ver el traje de valenciana». Argimiro Aguilar es optimista por naturaleza, así que le sale natural augurar tiempos mejores en los que joyería valenciana recupere el fulgor de aquellos tiempos en los que éramos ricos.

Source: Life Style

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Author: Redacción

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