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El hombre que le corta la cabeza a Errejón

Están a punto de dar las ocho y media de la tarde, hora de cierre, y la peluquería todavía está llena. Un ejecutivo de traje impecable, un hombre de mediana edad con un «look» moderno y una mujer (aunque es una peluquería de caballero, no se niegan a cuidar de las damas) con un divertido estilismo imposible en azul ocupan tres de las cuatro butacas con las que cuenta Urbano Peluqueros. José Luis y Miguel Ángel no paran en ningún momento capitaneando un negocio que lleva con las puertas abiertas desde hace más de cien años: «La fecha oficial es 1907, pero tenemos documentación que confirma que la peluquería se abrió en el siglo XIX», afirma José, el mayor de los dos hermanos, en un momento de descanso, que tiene que interrumpir por una llamada de teléfono. La agenda manda y ésta está a rebosar: las citas se dan como mínimo con tres días de antelación y por las tardes lo suyo es casi de récord, hasta tres clientes a la hora pueden atender cada uno. ¿El precio? 10 euros el corte de pelo.

Urbano Peluqueros es una institución en la frontera entre Malasaña y Chueca. No sólo han superado todos los vaivenes de la zona, que han sido muchos, sino que además han conseguido ser la peluquería que está en boca de todos, pese a tener mucha competencia en menos de 100 metros y ser todo menos una novedad (es complicado serlo cuando tienes más de cien años a tus espaldas). «Estamos viviendo el mejor momento del barrio, nunca había estado como ahora», asegura José mientras recuerda los años 90, una década en la que Fuencarral no era la arteria peatonal que es en la actualidad y la delincuencia y la droga estaban a la orden del día. Todavía recuerdan la violencia y la inseguridad que se vivieron en aquellos años, antes de que se llenara aquello con la bandera del arcoíris que impuso el movimiento gay y gracias al cual Chueca cambió de cara y pasó a ser una referencia mundial. Ellos se mantuvieron fuertes en los años anteriores a esa gran revolución en un ambiente no muy propicio para tener las puertas abiertas de un negocio como el suyo y, como dice el himno de Gloria Gaynor, sobrevivieron.

Source: Life Style

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Author: Redacción

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