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Fusión de arte y Jazz en la VII Pasarela de LA RAZÓN

Los detalles marcan la diferencia y la VIII Pasarela de LA RAZÓN lo hizo el pasado jueves en la Real Fábrica de Tapices de Madrid, donde entre alfombras centenarias y al ritmo de jazz neoyorquino se acogieron las propuestas para el otoño-invierno 2016/17 de cinco de las mejores agujas de nuestro país. «La moda española es maravillosa y hay que acudir a actos que, como éste, la fomenten», dijo el torero Óscar Higares desde un «front row» ocupado por rostros tan conocidos como los del cantante Juan Peña, la modelo María Jesús Ruiz o la «socialité» Carmen Lomana, que se sentó entre los cinco protagonistas de la noche.

El primero, Miguel Marinero, quien al ritmo del «New York» de Alicia Keys y acompañado por su hijo y colaborador Nicolás Marinero, rompió el hielo con su colección R.O.M.B.O, en la que, fiel a su tradición peletera, dio protagonismo a los abrigos de lana y visón, que combinó con guantes mitones y zapatos de piel de serpiente diseñados por la exclusiva firma española Miss García.

El veterano diseñador madrileño dio paso al venezolano Hannibal Laguna, que con su colección Goldenmile llenó la pasarela de glamour y desenfado. Una propuesta en las que atrevidas espaldas descubiertas contrastaron con sofisticadas piezas en pedrería, donde los detalles en oro y bronce se fundieron con el negro encapotado de ilusorios volantes que daban la sensación de estar ante auténticos vestidos reversibles.

Tan reversible como la prolongada pasarela sobre la Sala de Goya de la Fábrica de Tapices, que a continuación entonó la «Vie en rose» de Piaf para fusionar Nueva York con la «chanson» francesa y dar paso a los estampados florales otoñales y las gasas efecto seda de Poète. La firma de Berta Martín apostó por faldas midi y elegantes vestidos negros con bordados dorados, colores que contrastaron con un rojo pasión «que nos recuerda a la tradición navideña», explicó la diseñadora sobre su propuesta.

Un rojo que tampoco faltó en la colección de la joven Isabel Núñez, aunque más atenuado, ya que su firma, Inuñez, quiso impregnar la pasarela de una cálida estética oriental en la que los monos anaranjados y mostaza tomaron el protagonismo de un desfile que concluyó de la mano de Amparo Chordá.

Con Toujours la Femme, la valenciana rindió tributo a la feminidad porque su firma reividinca que «la mujer ostenta la revelación de la eterna belleza». Estampados dorados, blancos nupciales y elegantes negros se plasmaron sobre voluminosos tules, hombreras florales y estolas de plumas negras que evocaron la dualidad femenina de Natalie Portman en «Cisne negro».

Una propuesta de clasicismo renovado que arrancó el aplauso de los asistentes. Ovación que se prolongó hasta el carrusel final, donde una vez más las notas de jazz dieron paso a un concurrido «kissing room» donde los centenarios tapices derrocaron por una noche a la alfombra roja.

Source: Life Style

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Author: Redacción

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