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Jackie Kennedy: "Su sangre y su cerebro estaban en mi regazo"

Theodore H. White fue uno de los más agudos observadores de todo cuanto sucedía en las campañas electorales hacia la Casa Blanca. Él fue el autor de una serie de libros que se convertirían en un éxito por su calidad periodística, «The Making of the President». Su trabajo como corresponsal para la revista «Life» lo convirtió en una firma imprescindible para saber todo lo que sucedía alrededor del Despacho Oval. Sin embargo, el reportaje más importante en la carrera de este ganador del Pulitzer no lo protagonizó un presidente sino su legado a través del recuerdo de su viuda. Lo que escuchó el 29 de noviembre de 1963 sigue siendo una de las más importantes bases para la construcción de uno de los indiscutibles iconos del siglo XX.

Este episodio es la base de la película «Jackie», dirigida por Pablo Larraín, y que narra los días posteriores al asesinato de John F. Kennedy desde la perspectiva de su joven viuda Jacqueline Kennedy. La producción, que está previsto que se estrene en nuestro país el próximo 17 de febrero, tiene todos los números para ser una de las favoritas a los Oscar y demuestra que existe todavía fascinación por la mitología creada alrededor de los mil días en los que Kennedy fue el líder del mundo libre.

Testimonio directo

Casi una semana después de que unas balas acabaran con la vida del 35º presidente de los Estados Unidos, White se trasladó hacia la residencia familiar de los Kennedy en Hyannis Port donde Jackie se había trasladado buscando privacidad. Ella estaba dispuesta a hablar y dar un testimonio directo de los hechos que había vivido mientras la caravana presidencial recorría las calles bulliciosas de Dallas, quedando todo roto al impactar en el coche una serie de disparos realizados posiblemente por Lee Harvey Oswald. La conversación con Jackie fue larga y White llenó casi una decena de páginas con anotaciones de todo tipo. Sin embargo, la revista «Life» consideró en su momento que lo mejor era reducirlo todo a lo puramente trivial, a lo anecdótico: al presidente muerto le gustaba el musical «Camelot» y con ese nombre tan artúrico debía pasar a la Historia su mandato. Muchos años después, White donó sus notas a la John F. Kennedy Presidential Library, donde se pueden consultar, como ha hecho este diario. Hay que tener en cuenta que Jackie concedió muy pocas entrevistas tras Dallas. La de White fue una excepción, junto a la que le hizo el historiador William Manchester para su controvertido y autorizado libro sobre el tema, «Muerte de un presidente». Igualmente, dentro de esta línea cabe señalar el testimonio ofrecido por la primera dama ante la Comisión Warren creada para averiguar, aunque sin mucha suerte, toda la verdad sobre lo ocurrido el 22 de noviembre de 1963.

Las notas de White comienzan con una declaración de principios de Jackie sobre cómo quería ser vista tras el asesinato de su marido: «No voy a ser la viuda Kennedy. Cuando esto termine voy a meterme en el más profundo retiro». Pero Jackie quería contarle al periodista todo lo sufrido, ofreciendo un testimonio que solamente podía rivalizar en dureza y morbosidad con la filmación que el zapatero Abraham Zarpruder realizó del atentado, sin rehuir los detalles más escabrosos. En una de las anotaciones de White, finalmente no incluida en el texto publicado por «Life», Jackie describe el momento en el que las balas alcanzaron a su marido. Leídas hoy, más de medio siglo después, siguen impresionando y conmoviendo a cualquier lector, además de imaginar el gran impacto causado en el periodista. A Jackie todavía le retumbaban en los oídos los gritos de «¡No! ¡No! ¡No!» cuando llegó el primer disparo. «Su última expresión fue muy clara. Tenía su mano levantada, pude ver como un trozo de su cráneo salía disparado… Pude ver como ese trozo se separaba de una manera perfectamente limpia de su cabeza. Después cayó en mi regazo. Su sangre y su cerebro estaban en mi regazo».

Alguien gritaba

En las cuartillas manuscritas se puede constatar el caos que se vivía en el coche tras el crimen. Kennedy ya estaba condenado a muerte, mientras que en el asiento delantero el gobernador de Texas John Connolly trataba de salvar la vida al haber sido también herido. El agente del Servicio Secreto Clint Hill se había subido lo más rápido que había podido al coche tras escuchar los disparos, tratando de proteger a Jacqueline que trataba de recuperar uno de los fragmentos de masa encefálica que habían salido volando. «Empecé a llamarlo: “Jack, Jack, Jack” y alguien gritaba “está muerto, está muerto”. La limusina aceleró para poder llegar al Parkland Hospital, el más cercano al lugar de la tragedia. “Jack, Jack, ¿puedes oírme? Te quiero Jack”», fue diciendo la primera dama a su marido mientras, como le dijo a White, «trataba de mantener su cerebro dentro». El asiento quedó cubierto de la sangre de Kennedy mezclada con los pétalos de las rosas rojas, las conocidas como «American Beauty», que le habían regalado a Jackie cuando el Air Force One aterrizó en Love Field, el aeropuerto de Dallas.

Cuando los hospitalarios llegaron para llevarse el cuerpo del presidente, Jackie se negó. Hill fue el único que entendió por qué y, por ese motivo, se quitó su chaqueta y cubrió con ella la cabeza de Kennedy, evitando que los curiosos pudieran ver el destrozado cráneo. Jackie fue tras la camilla. «Sabía que estaba muerto», añadió a White, mientras se decía a sí misma «no voy a dejarle, no pienso abandonarle, no pienso abandonarle».

Jackie tenía un ruego para el periodista y ese ruego se refería a cómo quería que pasara a la Historia la labor de su marido y en esto tenía mucho que ver «Camelot», un musical que adoraba Kennedy. Las líneas que a él le gustaban escuchar, como subrayó la viuda de JFK, eran: «No dejéis que se olvide que una vez hubo un lugar y que durante un brillante breve momento se llamó Camelot».

Cuando White donó todos sus manuscritos referidos a la entrevista a la John F. Kennedy Presidential Library, solamente puso como condición que se podían hacer públicas un año después de la muerte de Jacqueline Kennedy. Esas hojas están al alcance de los investigadores desde 1995. Ésta es una de las primeras ocasiones en las que el lector puede ver las anotaciones manuscritas del redactor que hizo periodismo, que tuvo ante él una de las entrevistas más importantes del siglo XX, un testimonio de primer nivel para la historia.

Source: Life Style

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Author: Redacción

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