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Juan Diego Flórez: "Para los niños de mi fundación, darles música es darles vida"

«Recuerdo haber estado en un palco en La Scala, apenas seis meses antes de mi debut allí, y pensar: “Aquí voy a cantar en diez años”». Así rememoraba ayer su meteórico ascenso a la cima de la ópera el mejor tenor rossiniano actual, Juan Diego Flórez. Poco antes de ganarse al público del exigente teatro de Milán, Flórez, que entonces era «un chiquillo de 23 años», debutó inesperadamente en Pésaro, Italia, cuando a última hora tuvo que sustituir al tenor principal de una ópera. De allí lo llevaron a La Scala y al resto de grandes escenarios del mundo, incluido el Teatro Real, donde hoy celebra sus veinte años de trayectoria. El concierto será a beneficio de Sinfonía por el Perú, una organización fundada por Flórez en su país natal que busca crear oportunidades para miles de niños desfavorecidos a través de la música. En alianza con Telefónica ha creado también el programa Sinfonía Digital, que busca utilizar la tecnología para facilitar la enseñanza musical. Gracias a sus esfuerzos, la Orquesta Pre-Juvenil Sinfonía del Perú participará en la velada desde Lima con una transmisión en tiempo real. Además, el concierto repasará la carrera de Flórez con «una parte dedicada a Rossini, a quien siento que conozco. Alguna vez me he subido a una estatua suya, ubicada en Pésaro, a conversar con él. Siempre ha sido un gran placer cantar Rossini; es como el mejor champán».

–¿Cree que la ópera sigue siendo un arte para las minorías privilegiadas?, ¿pueden proyectos como Sinfonía Digital hacerla más accesible a todo tipo de públicos?

–La ópera nunca ha sido del pueblo, pero puedes hacer que sea para todos si comienzas desde los niños. Para los de Sinfonía por el Perú ver una ópera es lo mejor que les puede pasar porque entienden el espectáculo que surge de sus esfuerzos. Yo nunca tuve un acceso privilegiado a la música y soy cantante de ópera, por lo que no necesariamente es una cuestión de clase social; de hecho, la mayoría de fanáticos de la ópera que conozco no son personas adineradas. Y en Perú, los niños que estudian en el conservatorio proviene de un estrato social bajo. Hay que tener pasión, y ésta se despierta entrando en contacto con la música. A estos niños, además, les engancha, porque no tienen nada y están olvidados por la sociedad. Darles música es darles la vida.

–¿Aprovecha su calidad de «celebrity» para impulsar la ópera y sus proyectos sociales?

–Hay ciudades en las que soy más popular. Viena es una de ellas y allí hago una gala benéfica todos los años: hay que aprovechar. Fui consciente, cuando empecé Sinfonía por el Perú, de que el proyecto iba a salir, porque en mi país se me conoce mucho y eso ayuda. Si no tienes ese reconocimiento cuesta bastante hacer sostenible un proyecto de este tipo. Aunque el Gobierno aún no está con nosotros, sí tenemos el apoyo de muchas empresas y fundaciones internacionales.

–Efectivamente, aunque su modelo está basado en El Sistema venezolano, el de ese país está financiado por el Gobierno, apoyo del que ustedes carecen. Sin embargo, el recién electo presidente de Perú tiene una gran inclinación musical, ¿será la oportunidad para hacer proyectos en conjunto?

–Sí, Pedro Pablo Kuczynski es un fanático de la música y siempre que puede coge su flauta, como el flautista de Hamelin. Lo que ha conseguido Sinfonía por el Perú en sólo cinco años de existencia no se puede esconder. Ha habido un gran reconocimiento de nuestro esfuerzo. El Foro Económico Mundial nos premió con el Crystal Award cuando apenas teníamos un año de vida y la Unesco también nos dio su apoyo. Creo que ahora, con Kuczynski , el cielo es el límite para lo que podemos hacer.

–Es de la generación de Gustavo Dudamel, que a través de la música ha alcanzado grandes cosas para los niños venezolanos, como usted para los peruanos. Sin embargo, en Lima, como en Caracas, no hay temporada de ópera, ¿les queda esa tarea?

–No me interesa poner ópera en Lima, me interesa que los niños sepan de música. Hoy en día no hay afición, el teatro se quedaría vacío. Es mejor dedicarse a formar a los jóvenes. De hecho, estamos pensando hacer una academia para los que se quieran dedicar seriamente a la música (los niños de Sinfonía por el Perú formarán parte de sus estudiantes) y allí también habrá una sección de canto lírico. Es con los niños que comienzas; cuando ellos sean mayores y pongas una temporada de ópera, entonces se llenarán los teatros.

–¿Cómo será el modelo de la academia en términos de accesibilidad?

–Tendrá esa parte social para que los jovenes con necesidades puedan aprender. Pero queremos ser inclusivos; por eso, los que tienen posibilidades económicas también podrán acceder. Los que pueden pagar, lo harán, y así tendremos cómo mantener las becas de los que les es imposible costearse la matrícula.

–¿Cuenta más en la ópera el físico que la voz?

–Sí. Aunque un cantante que lo haga bien es lo primero. Pero ahora todo es visual, no solamente en la ópera, sino en la sociedad, por lo que se le pide un cierto aspecto. Las transmisiones que se hacen en las salas de cine desde los teatros de ópera, por ejemplo, han cambiado un poco la situación. Ahora, si vas a hacer de Violetta Valery en «La Traviata», encontrarás que el director de escena va a preferir que seas delgada, porque el personaje tiene tuberculosis.

–Su abuela le cantaba canciones italianas cuando era niño, ¿lo hace usted con sus hijos?

–Sí, mi abuela las acompañaba con el piano y yo hago lo mismo, pero con la guitarra. De hecho, es la razón por la cual retomé ese instrumento. La pequeña, Lucía, es muy musical, muy rápida para la entonación. El niño, que tiene 5 años, también, y está aprendiendo el violín. Lucía tiene 2 y medio y el otro día cogió su violín y… (hace con los brazos como que toca el instrumento).

Source: Life Style

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Author: Redacción

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