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Juan Gabriel murió sin dejar testamento

N o todo estaba atado y bien atado. Lo siento por el clan Pantoja, a quien se le amargará la tarta nupcial, también por la revista semanal que se precipitó afirmando que Isabel heredaría un piso del mexicano al que le salen hijos en cada esquina. Ahora, para colmo y remate, su primogénito Alberto Aguilera –igualito que la céntrica calle madrileña– provoca infartos colectivos a la parentela nada fraternal y que no se conoce personalmente. Una extraña familia a la greña porque asegura que el singular cantautor murió sin testar. Definitivo, arriesgado, se presta a todo tipo de especulaciones y es plato fuerte diario en los canales latinos de Estados Unidos: Univisión y Telemundo. El caso, que encuentran absurdo, surrealista e inédito, resulta exprimido especialmente en «El gordo y la flaca», mientras en cada esquina callejera aparecen parodias muy jaleadas de espontáneos disfrazados de Donald Trump, careta y pelo reteñido incluidos, algo que irrita en algunos sectores por mas paródico que sea. Pero no imagino aquí algo similar con Rajoy y Sánchez. Entienden de otro modo las confrontaciones políticas. Aquí nos apasionamos más o les falta nuestro encaje. Se ceban con el muerto mexicano, habitual en los escenarios y estadios.

Actuaba frecuentemente sobre todo en Nueva York, Miami, Texas y California. Eran zonas habituales también en los conciertos que daba la inolvidable y cálida Rocío Dúrcal, y en ellas, salvo en la acubanada Florida, nunca triunfó Rocío Jurado. Conocí a la Dúrcal en Barcelona, en l964, cuando debutó teatralmente producida por Luis Sanz, el mejor promotor en muchos años. Los dirigió Marsillach y Marieta estuvo junto a Carlos Larrañaga y Paco –entonces aún Paquito– Valladares. Luego Marisol quiso emularla, pero no logró su éxito junto a la maestría de Ismael Merlo, padre de María Luisa, de quien su nieto, el espléndido Luis, tomó apellido profesional. Marisol apenas impactó en «La chica del amanecer», aunque luego Paco Gor-dillo la recuperó musicalmente, ya con personalísima voz ronca, en éxitos como «Tengo el corazón contento» y «Tu nombre me sabe a hierba». Fue agradecido y sentimental recuerdo a Serrat que le quitó el sentido al punto de encerrarse juntos siete tórridos días, una semana a tope, en la casa que la fotógrafa Colita les prestó en Bagur. Respetuosa, nunca difundió imágenes. Las guarda en su archivo como memoria de un tiempo ido, igual que grandes momentos de la bocacciana «gauche divine» tan llena de iniciativas modernizadoras, nada que ver con el ostracismo actual teledirigido por Colau y su inexperta tropa.

Los hijos de Juan Gabriel pelean por un documento inexistente, o suponen que hecho desaparecer por un maniobrador partidario de un par de contendientes. Sería un antiguo a «ainda mais» ayudante del artista tan excesivo en todo. Era la grandilocuencia sobre escena. Tenía algo de Raphael y Antonio Amaya. Parecía de otro tiempo pese a su frescura de autor. Todo está por ver y descubrir en lo que convertiremos en más que folletín con buenos, malos, engañadores y peleadores. No creo que el clan Pantoja tenga mucho que añadir –si acaso una furtiva lágrima, casi lamento– en una reyerta que implica sólo a la familia. Grande es lo dejado económicante y así lo airea pródigamente la tele azteca rebotada a Estados Unidos.

Source: Life Style

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Author: Redacción

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