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Julio José Iglesias: "No he leído nada de Mario, me interesa más ''playboy''"

El día 23 de diciembre, Julio Iglesias Jr, y suponemos que el resto de los hermanos Preysler, esperarán arreglados, de etiqueta y con el equipaje preparado, la llamada de la matriarca Isabel. En cuanto suene el teléfono les dará las coordenadas de dónde pasarán la Nochebuena: «Juls, en casa de tu hermano Enrique o en la de Chábeli, en la mía o en Madrid, puede ser en cualquier sitio. Menos mal que los tres vivimos cerca, si es en Puerta de Hierro se complica algo, pero tenemos el avión de Enrique. Así que acudiremos allí donde mi madre nos diga». Así son los Preysler, una piña. Julio a secas, sin el José que no le gusta y al que añade Jr., dice haber salido a los Preysler en cuanto a escasez de pelo por el cuerpo, porque «los Iglesias son más peludos, Enrique y mi padre tienen muchísimo por todo el cuerpo». El vello es un tema obligado porque estamos en un evento de presentación de una maquinilla de afeitar fuera de serie, con el cuerpo de titanio, la Braun serie 9, de la que el cantante es embajador, de ahí que se haya pedido tres para tener una en cada una de sus casas.

–¿Qué tal se viaja en el avión privado de su hermano?

–Es una gozada y también en el de mi padre, porque los dos tienen privados.

–¿Cuál es mejor?

–No sé mucho del tema, pero sí que hay dos marcas buenas y cada uno tiene una de ellas. Los dos son buenos y ahí sí que se viaja bien. No lleva azafatas, pero, por ejemplo, como mi padre va con tanta gente, siempre hay alguien que se encarga de la intendencia.

–¿Quién les da las instrucciones de seguridad?

–Eso lo hace mi padre, que se pone de pie y nos dice dónde están las salidas de emergencia; y en el de mi hermano, lo hago yo.

–¿Qué ocurre cuando se reúnen en Navidades?

–Eso, juntarnos, porque así son nuestras fiestas, y si ya se une mi padre, ahí se arma la de Dios, porque Enrique es igual que yo. Eso ya es sexo directamente y los peores chistes verdes del mundo. Es que uno no cambia, siempre hemos sido igual, y cuando nos reunimos nunca nos arrancamos a cantar, hablamos de música pero no interpretamos nada a trío. Ninguno tenemos pelos en la lengua, eso lo hemos heredado del abuelo.

–Por cierto, un abuelo que les dejó unos tíos y a su padre unos hermanos, ¿qué sabe de ellos?

–Sí, nos dejó un tío y una tía, pero desde que murió el abuelo no los he vuelto a ver, ya deben tener como 12 años. No sé nada de ellos porque no mantenemos contacto, pero mi padre sí y mi tío Carlos, también. Creo que viven en el norte de Florida, por Tampa o por Orlando.

–Si los tres lo pasan tan bien, ¿por qué nunca han hecho un show juntos?

–No sé, nunca lo hemos comentado, y eso que yo hablo todos los días con Enrique, es mi hermano, y acabamos de estar una semana juntos en Las Vegas, pero él tiene su carrera. A lo mejor algún día surgirá. Y ahora tenemos otro Iglesias en la música porque Ro (se refiere a su hermano pequeño, Rodrigo) parece que quiere cantar, que lo hace bien y le gusta bastante.

–¿Con su mujer, Charisse, forma dúos?

–No, ella canta muy mal, prefiere que le cante yo y ella bailar. En casa canto mucho, pero ella lo hace fatal, juntos imposible.

–¿Y a su padre qué le ocurre?

–Nada. Está perfectamente, dando conciertos sin parar. Acaba de tener un par de «shows» en Nueva Zelanda y Australia. Ha estado de gira en Chile, Uruguay, Paraguay y Argentina. Mi padre no para, este año lleva 90 ya. Y yo he cantado con él en algunos como telonero, en Rusia, Rumanía y Bulgaria. Él sabe qué es lo que más me gusta y me dice: «Cómo te encanta cantar, cabrón». Y ahora, dentro de poquísimo, saca un nuevo disco.

–¿Y a los 40 años recupera a un padre?

–Me lo he pasado estupendamente porque he vivido y viajado muy poco con él y, de repente, a los 43, he empezado a retomar eso de desayunar, almorzar y cenar con mi padre y viajar en su avión. Nunca había pasado tanto tiempo con él, como padre e hijo.

–¿No ha sentido nunca celos de sus hermanos pequeños que sí han vivido con Julio?

–No, eso nunca. Mi padre tenía su trabajo, nosotros siempre hemos estado con la «seño» y nunca nos ha faltado de nada. Estoy muy contento con mi vida. No soy de esos que se vuelven locos o drogadictos porque no ven a su padre. Yo, al revés, soy un tío vividor. Lo que hay es lo que hay, sin más. Vivo la vida lo mejor posible hasta donde puedo. Tengo una mujer maravillosa, con la que me llevo estupendamente, y practico deporte, que es lo que más me gusta después de la música.

–¿Esa renovación de boda fue por influencia de la fe de Tamara?

–No, fue idea de mi esposa. De repente este año Charisse me recordó que siempre habíamos querido casarnos en una casa que tengo en California, junto al lago Tahoe. Lo de casarnos de verdad, ya estaba hecho, pero juntar a toda la familia allí era complicadísimo, y además la abuela tenía 88 años. Así que nos casamos en España porque también era más fácil para la familia de Charisse, que vive en Bélgica, y a Tamara le hacía ilusión prepararlo en Aldea del Fresno.

–¿Y cómo fue la ceremonia en el lago Tahoe?

–Sencilla y sin nadie. Después de cuatro años de la primera pensamos en volver a contraer matrimonio los dos solos con un cura que nos renovó los votos y con Molli, nuestra perra, que fue la testigo, la tía sabía todo lo que estaba pasando. Luego nos fuimos solos de fiesta a celebrarlo.

–¿Quién le regaló su primera máquina de afeitar?

–Posiblemente me la compré yo, en esa época vivíamos con el tío Carlos y no creo que me diese consejos de afeitado. Tengo muy poco pelo y me afeito con una Braun antigua que me regaló Marco, el novio de Tamara. No soy de tener pelo en la cara, me veo «raaaro, raaaro», no me gusta. No me afeito el pecho porque no tengo vello.

–¿Le ha sorprendido el cambio físico de Tamara?

–Sí, pero ella es estupenda. Ha tenido unos problemas de tiroides serios y obviamente ha engordado bastante. Creo que pones peso sin comer. Ahora se lo arreglarán, se pondrá a dieta y lo que haga falta. Ella es muy valiente y segura de sí misma, no tiene problemas en dar la cara.

–¿Ha leído algún libro de Vargas Llosa?

–No, es que yo no soy de leer. Antes que estar sentado leyendo un libro prefiero hacer deporte. Soy hiperactivo y tiene que ser algo que me interese muchísimo como el «Playboy», je,je. En serio, leería algo sobre mecánica o deporte, pero una novela, no.

–¿Qué detesta?

–Pocas cosas, porque me acoplo a todo. Detestaba el colegio, eso del álgebra para qué sirve. Nunca me han hecho un test de inteligencia, ¿te imaginas que fuera superdotado? Lo que me faltaba. Yo soy electricista, jardinero, fontanero, hago de todo y soy la asistenta porque no me gusta tener a nadie en casa. En ella limpio los baños porque soy un maniático de la limpieza y porque nadie lo hará mejor que yo porque lo que limpio es mío. Mi mujer dice que estoy loco. Planchar ya no se lleva, ahora es una máquina de vapor que la pasas y queda perfecto, y cuando tengo prisa cuelgo la camisa en el baño, abro el grifo de agua caliente, la dejo cinco minutos y ya está planchada.

–¿En casa de su madre también limpia los baños?

–No, cuando voy a casa de mi madre o a un hotel es para relajarme porque ya trabajo bastante en la mía arreglando cosas, limpiando y cuidando el jardín. Cuando mi pareja me dice que estoy pirado le pregunto: ¿Lo vas hacer tú? Y siempre contesta: «No, no, mejor que lo hagas tú». Ella cocina un poquito, pero somos de pedir comida preparada.

Source: Life Style

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Author: Redacción

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