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La guerra por el ducado de Calabria

Los príncipes de las Dos Sicilias, Carlos de Borbón-Dos Sicilias y su esposa Camilla, llegaron ayer a España sin ánimo de comenzar una guerra, pero sí con el deseo de aclarar la «bicefalia» en la que se encuentra el ducado de Calabria. En España siempre hemos tratado como duque de Calabria al fallecido primo del Rey emérito, el infante don Carlos. La mayoría no teníamos conocimiento de que ese ducado pertenecía a la primogénita del actual Jefe de la Casa de las Dos Sicilias. Las tensiones en la familia Borbón son evidentes, y por el momento el asunto no ha llegado a los tribunales, pero podría. De momento, los príncipes están en Madrid para visitar la exposición de su antepasado, Carlos III, donde la duquesa de Calabria también acuñará una moneda. Los príncipes de las Dos Sicilias no tienen el gusto de ser invitados por los actuales Reyes españoles a sus eventos familiares, pero sí tienen mucho trato con la familia Grimaldi, ya que el príncipe Alberto y la princesa Charlène «son unos amigos muy queridos».

–¿A quién pertenece el ducado de Calabria?

–El título de duque de Calabria recae en el heredero del Jefe de la Casa de Borbón-Dos Sicilias. Por lo tanto, en la actualidad, lo lleva mi primogénita, María Carolina, a la que he pasado este título tras mi decisión de adoptar la regla de primogenitura para mis sucesores. Me he limitado a seguir el ejemplo de las familias reales que prohíben cualquier discriminación entre hombres y mujeres. La monarquía no es un conservatorio, sino una tradición viva cuya principal cualidad es la de adaptarse para perdurar. En la Edad Media, España no tenía ley sálica. La importaron los Borbones y después la abandonó el Rey Fernando VII en 1830. Esa decisión fue la causa de las terribles guerras carlistas, pero no impidió que Isabel II reinara. Como puede ver, todo evoluciona.

–Esta bicefalia recuerda a la del ducado de Anjou. Ambos son los delfines de casas reales sin reino…

–La Corona de España pudo recaer definitivamente en los Borbones tras la guerra de Sucesión gracias a una renuncia. Éstas son actos jurídicos oficiales que se imponen tanto en derecho interno como en derecho internacional. Vinculan a quienes las firman, así como a sus herederos. Es así. Todas las familias reales han vivido este tipo de renuncias. Recordemos que el rey Eduardo VIII abdicó y renunció en su día a sus derechos sobre la Corona de Inglaterra… También fue por un matrimonio.

–Entonces, ¿quién es el jefe de la Casa Real de las Dos Sicilias?

–¡Soy yo! Como antes lo fueron mi padre y mi abuelo, los príncipes Fernando y Rainiero, quienes heredaron los derechos de la corona de las Dos Sicilias tras la renuncia de mi tío abuelo, Carlos Tancredo, que se convirtió en infante de España después de casarse con la hija del Rey Alfonso XIII, la infanta María Mercedes. Esto ocurrió hace más de un siglo.

–Don Pedro de Borbón, que en España figura como duque de Calabria, ¿es consciente de esta bicefalia?

–Supongo que sí, ya que le sería difícil ignorar la renuncia de su antepasado, Carlos Tancredo, que fue firmada y registrada oficialmente en Cannes en 1900 y reconocida como tal en su momento por todas las familias reales de Europa, incluida, por supuesto, la de España. Tengo que añadir que si no se hubiera producido esta renuncia, las Cortes españolas, en el contexto político de la época, nunca habrían aceptado dicho matrimonio. Hay que recordar que en la fecha de la boda, este príncipe no sólo se convirtió en Infante de España, sino que cambió de nombre, abandonando el de Borbón Dos Sicilias para adoptar el de Borbón y Borbón. Y ese debería ser el único estado civil de sus descendientes.

–¿Por qué el Rey Juan Carlos I tomó partido por su primo Carlos de Borbón, nombrándolo Infante de España sin que fuera hijo de rey y con ello afianzándolo como jefe de la Casa de las Dos Sicilias?

–Todos conocemos los vínculos familiares y afectivos que les unieron desde la infancia.

–¿Y cuál es la postura del que, según usted, se hace llamar duque de Calabria sin serlo?

–Este tipo de situación tiene un nombre, pero no tengo intención de envenenar una cuestión familiar que ya resulta bastante tensa. La princesa y yo no hemos venido a España para resolver conflictos familiares, sino para honrar la memoria de un monarca que es nuestro antepasado común con el Rey Felipe VI.

–¿Puede el heredero del infante don Carlos apropiarse del título de las Dos Sicilias?

–De ninguna manera. El derecho, la historia y el sentido común se oponen a ello.

–¿Quién tiene la facultad de dirimir una solución a este conflicto?

–En realidad, no hay nada que resolver, ya que nadie, salvo mis primos españoles, cuestiona seriamente mis derechos.

–¿Acudirán a la Justicia para que aclare la situación?

–No excluyo emprender acciones específicas para proteger mi nombre de cualquier usurpación, pero no será necesario llegar a ello. La Ley española no reconoce a mi primo como duque de Calabria. El Consejo de Estado ha sido muy claro al respecto. En cuanto al Estado italiano, no sólo me reconoce como único Jefe de la Casa Real de las Dos Sicilias, sino que también reconoce de manera muy oficial la existencia de nuestras órdenes dinásticas. Salvo el antiguo Rey de España, que mantenía estrechos vínculos con don Carlos, el padre de don Pedro, ninguna Casa Real de Europa reconoce las pretensiones de esta rama española sobre la Casa Real de las Dos Sicilias.

–¿Existen bienes, joyas o patrimonio asociados a los títulos que reivindican?

–Al dejar sus estados, el 14 de febrero de 1861, el rey Francisco II y la reina María Sofía abandonaron la totalidad de sus bienes a los piamonteses y a los camisas rojas de Garibaldi. Sólo se llevaron algunos efectos personales y recuerdos de familia, de los que una parte está expuesta hoy en la Casa de la Moneda.

–¿Las órdenes de San Jenaro y la Constantiniana de San Jorge qué poder tienen?

–Estas dos órdenes dinásticas son propiedad personal de mi familia y han sobrevivido a la anexión del reino de las Dos Sicilias al reino de Saboya. La Constantiniana es una de las órdenes de caballería más antiguas del mundo. Reúne a caballeros y damas en todo el mundo que sirven a la vez a la Iglesia y a los más necesitados. En cuanto a la Orden de San Jenaro, creada por el Rey Carlos III, es la más alta distinción que puede conceder el Jefe de la Casa Real de las Dos Sicilias. Como en el caso de la Orden del Toisón de Oro, sólo existe un número extremadamente restringido de collares reservados a las familias principescas y reales.

–¿Quién controla esas órdenes y quiénes forman parte de ellas?

–El Jefe de la Casa Real sigue siendo Gran Maestre por derecho de todas las órdenes dinásticas. En este concepto me encargo del gobierno de dichas órdenes, pero, por supuesto, estoy rodeado de un consejo, que son titulares de altos cargos. Para ser miembro hay que ser católico, estar apadrinado por miembros de la Orden y ser aceptado por nuestra Gran Cancillería. Naturalmente, como Gran Maestre puedo nombrar caballeros «motu proprio».

–¿Pedro de Borbón puede nombrar caballeros de esas órdenes?

–No, sencillamente porque sólo existe un Gran Maestre. Pero en un afán de buen entendimiento familiar, mi padre permitió la existencia de una rama española de nuestra Orden.

–¿Por qué tiene usted todo el legado del Rey Carlos III?

–Porque Carlos III, cuando tuvo que abandonar el reino de Nápoles y las Dos Sicilias para convertirse en Rey de España, en 1759, tras la muerte de su hermano, designó al Rey Fernando I, su hijo, para que le sucediera en Italia. Hasta prohibió entonces que un miembro de la Familia Real de España pudiera reinar en Nápoles y Sicilia. Desde entonces, esa herencia se ha transmitido hasta llegar a mí.

–¿Si no existe el reino, para qué sirve reivindicar la jefatura de la Casa Real de las Dos Sicilias?

–Mis antepasados nunca reconocieron lo que consideraron como una anexión militar. Hoy mantengo muy buenas relaciones con la república italiana, pero eso no significa que no tenga que defender la herencia histórica, cultural y artística del reino de las Dos Sicilias. En efecto, ese reino marcó profundamente la identidad de la Italia meridional.

–¿Qué le parece que haya entrado sangre plebeya en las monarquías?

–Me parece una evolución normal en la medida en que las bodas reales ya no tienen el papel diplomático que se les otorgaba en el pasado. Además, no encuentro motivo para que hoy en día únicamente los miembros de las familias reales queden excluidos del derecho a la felicidad.

Source: Life Style

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Author: Redacción

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