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La madre invisible de Miguel Ángel Muñoz

Pero «¿qué ha sido de Cristina Blanco?», me demandan interesados por la madre del colocadísimo galán-actor Miguel Ángel Muñoz. Yo también me lo pregunto, aun sabiendo que optó por la discreción o silencio impenetrables. Superó lo que tuvo. Llevo años sin noticias suyas –una llamada de vez en cuando–, aunque somos compadres porque con Lara Dibildos apadriné a Andrea, una de las dos peruanas que adoptó cuando hacerlo no estaba tan de moda como ahora. Le pudo el corazón y, a pesar de ya ser madre, le emocionó tanta necesidad infantil. La bautizamos un atardecer en los Jesuitas de Serrano y luego dio paella en la arrocería que había en el actualizado NH Eurobulding. Creo que le regalé una cadena con medalla, el topicazo, a una cría que luego apenas volví a ver, salvo alguna tarde marbellí.

A Cristina todos le llamaban «la bruja» y tenían sus razones, porque atendía cualquier demanda de la clientela, entre la que abundaban jequesas que pagaban espléndidamente. Lo comprobé al verla exhibir los cheques con que abonaban sus adivinaciones, conocimiento, pronósticos o intuiciones. Porque nunca tuve claro lo que realmente sabía, además de ser guapa, cariñosa y generosa. Al hotel solía mandarme tortillas de patata hechas por ella, de ahí lo que aprendió su hijo, ya ganador de «MasterChef», éxito que, sin las maternas dotes premonitorias, adiviné hace veinte días en «¡Qué tiempo tan feliz!».

Source: Life Style

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Author: Redacción

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