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La última batalla de la mujer más rica del mundo

Liliane Bettencourt, heredera del grupo de cosméticos L’Oréal y la mujer más rica del mundo según «Forbes», ha fallecido a los 94 años, según ha anunció su familia mediante un sencillo comunicado firmado por su hija, Françoise Bettencourt Meyers. «Hubiera cumplido 95 el 21 de octubre. Mi madre se fue en paz», afirma. Nacida en París en 1922, Liliane Schueller –su nombre de soltera– quedó huérfana de madre en la infancia y fue educada en buena parte por su padre, el fundador de la marca de cosméticos. Él creó L´Aureale, nombre con el que nació el imperio. Eran los años en los que Coco Chanel se atrevía con los tintes de pelo y ese fue el primero de sus nichos de mercado. Los productos de Eugène Schueller invadieron pronto los salones de peluquería de media Francia. Liliane vivió su infancia y adolescencia pegada a las evoluciones del negocio, entre su casa del distrito 16 de París y su lujosa mansión en L’Arcouest, en la costa norte de la Bretaña francesa. A los 27 años, Liliane se casa con un joven burgués, André Bettencourt, ferviente católico. Es ahí donde comienza la etapa de sombras de su curriculum por el apoyo que brindan al régimen colaboracionista de Vichy, que duró hasta 1944 tras la firma del armisticio con la Alemania nazi en el marco de la Segunda Guerra Mundial. La financiación de su padre, fascinado por el régimen nazi, a un grupo de extrema derecha francés entre 1936 y 1940 le persiguió durante el resto de su vida.

Liliane y André Bettencourt tuvieron una única hija, Françoise. En los 60, y tras la muerte de su padre, Liliane toma el timón de L´Oréal. Conoce el imperio como la palma de su mano, desde la cadena de producción más básica hasta la publicidad. No en vano, con tan solo 15 años su padre la mandaba en los periodos de vacaciones a la fábrica de Aulnay, en los suburbios populares parisinos para pegar etiquetas en los frascos de champú. Quizá por ello desde el principio tuvo clara la estrategia: se convirtió en primera accionista del imperio pero dejó las riendas al delfín de su padre, François Dalle, codirector de la empresa desde 1948. La entrada a Bolsa de la compañía en 1963 Dispara definitivamente su fortuna.

Con el paso del tiempo, Lilianne dejó parte de la responsabilidad del grupo en manos de su marido, hasta que éste fallece en 2007. Entonces comienza el calvario político y mediático que marca sus últimos tiempos de vida. La historia comenzó poco después del fallecimiento de Bettencourt, que llegó a ser ministro. Su hija se encontraba disgustada por la relación de Liliane con el fotógrafo François-Marie Banier y las demostraciones de afecto de su madre hacia él con suntuosos regalos (unos 1.000 millones de euros en 2008), por ello, pidió la incapacidad de su madre y demandó a Barnier. A pesar de una fuerte sordera a sus 80 años, Liliane demostró encontrarse en plenas facultades mentales.

Multa por evasión fiscal

La reconciliación entre ambas finalmente llegó, pero de forma temporal porque Françoise comenzó a mirar con malos ojos su relación con su abogado, Pascal Wilhelm. En diciembre los médicos le diagnosticaron un Alzheimer moderadamente severo con una posible participación vascular. A partir de estas revelaciones y de declararle «demencia mixta», el juez de la causa le asignó un tutor, para el cual fue declarado su nieto Jean-Victor Meyers. Fueron años en los que los franceses conocían, casi a diario, un nuevo episodio en los escándalos del clan L´Oréal. Unas grabaciones dieron a conocer la existencia de cuentas ocultas en Suiza y la financiación ilícita de la campaña presidencial de Unión por un Movimiento Popular del ex presidente Nicolás Sarkozy. En 2011, Bettencourt fue obligada por la justicia a pagar casi 108 millones de euros por evasión fiscal de cuentas y bienes no declarados.

Este año, por primera vez, la multimillonaria sobrepasó al magnate Bernard Arnault, el dueño de Louis Vuitton Moët Hennessy (LVMH), como principal fortuna profesional francesa, según publicó la revista económica «Challenges». Su historia quedará marcada por la tenacidad con la que supo aprender a tomar las riendas de un imperio y proyectarlo mundialmente, pero también por las sombras con las que lazos familiares y políticos se mezclaron en largas controversias.


Source: Life Style

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Author: Redacción

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