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Mª Teresa Campos: "Hice lo que quise porque me dejaron"

Un señalado aniversario sin traca ni fuegos artificiales. A Teresa la mantienen encamada, en plena recuperación tras ser intervenida de la vesícula. Otro traspié en un año doloroso, remarcado por la muerte de su hermana Leli. La tiene presente, es un ay inacabable. Convalecencia bien asumida, siempre rebelde el «dolce farniente». Hoy no presentará «¡Qué tiempo tan feliz!» y bien que le pesa, aunque la sustituya Terelu como otras veces. Es la mejor alumna de una universidad televisiva que hizo debutar nombres hoy tan rutilantes como Lara Dibildos, Alejandra Prat o Rocío Carrasco. En ella intuyó más que una «alcachofera» tan al uso con abuso. Anticipó lo que luego culminaría la espléndida y divertida Pilar Rubio, hoy un tanto frenada en su espontaneidad, o Cristina Pedroche. Abrió sendas, orientó y durante 15 años fue reina indiscutible de las mañanas televisivas desde «Pasa la vida» a realizaciones similares. Siempre preocupada por la política –menos ahora, paradójico, cuando España pende de un hilo– que maneja como ninguna otra. Trataba de rectificarlo entrevistando a los cuatro líderes. Dejó embelesado a Errejón, rendido a la encantadora sapiencia y experiencia de María Teresa. Curioso cómo y cuánto gusta a los jóvenes. Ven en ella un ejemplo a seguir. Siempre fiel a sus principios, aguanta indomable en sus trece encandilando donde esté. Representa a la Bárbara Walters de nuestras pantallas, lo mismo desde sus mañanas en La Primera, entonces invencible, no la de ahora, de la que hasta quiere irse la cómica Mariló Montero. Ninguna le llega a la suela de sus taconazos, tan santo y seña jaleados por los concurrentes al directo del programa. Ha heho atractivo gag de sus ideas y venidas por el plató, carrerilla que supone otro gancho para la audiencia, igual que su don de comunicadora, la elegante vestimenta o el juego ya nada disimulado a ese amor del bueno con Bigote Arrocet. Es su tercer gran amor tras el padre de sus niñas, los 14 años unida al vasco Féliz Arechabaleta, al que conoció llenando el surtidor en una gasolinera, y el elegante Bigote Arrocet, siempre impecable de guardarropa y buen humor, que es también humor del bueno. Lo sacó de su retiro grancanario, avivó su perezoso retiro al sol que más calienta, arriesgó y salió ganadora como en todo lo que intentó. Es buena jugadora y lo demuestra, cartas en mano, jugando al Gin Rummy cada viernes en su casa con cinco amigas. Reunión para ser grabada con cámara oculta, pues apuestan un euro y la partida puede durar hasta ocho horas. ¡Lo que llegan a soltar al no estar vigiladas!

Desde la cama, me previene de que no le haga perder ni un minuto de «El secreto de Puente Viejo», programa gustazo que alterna con «Pasapalabra».

–En realidad me gustan todos los que ve la gente. Los admiro todos, pero no todos me distraen, divierten o interesan.

–Dilatada carrera triunfal en la que nadie te movió la silla ni el prestigio. Bates récords de adhesiones, simpatías y seguimiento. Fidelidad a prueba de avatares. Te siguen donde vayas. ¿Has hecho lo que has querido, lo que gusta o lo que te han impuesto?

–Hice todo lo que he querido, pero porque gustaba y porque me han dejado hacerlo. Hice y hago lo que me gusta y lo que el público me pide.

–¿Que admiración has mantenido en tantos años?

–¿Te refieres a personas? Más que a personas, admiro hechos, posturas y a cuantos reivindican y luchan por el ser humano.

Detalla cómo resolvió la intervención, siempre miedosa, como todo hijo de vecino: «Me durmieron en la habitación, no me enteré cuando me operaron y desperté otra vez en el cuarto. Evito los dolores».

–¿Temes lo que políticamente el 26-J se nos viene encima?

–Sólo pienso en restablecerme. No estoy para esas tristezas.

–Enamoradísima, volcada, llena de renovadas ilusiones, dime: ¿el amor cambia según las personas o es la misma historia repetida?

–Depende de cómo tengas la vida. Ya lo conté en mi libro: es lo mismo siempre diferente. Y me voy a comer-comer-comer, que es lo primero que me recomendaron para reponerme. Últimamente andaba desganada. Cada día era un suplicio sin saber qué meterme en la boca. Nada me gustaba. Como con desgana por prescripción facultativa–, ríe mientras lanza un quejido al intentar incorporarse apoyándose en los codos. Le aconsejan moverse y estar de pie.

–La misma noche me mandaron a casa–, así remata lo que pudo ser largo diálogo y queda en esbozo, a vuelapluma, considerando su estado nada postrado. Depende de las horas y lo que tenga alrededor. Trabajo con ella desde las mañanas en TVE, donde me encomendó un «retablo» desmitificador. Debuté contándole que Carmen Ordóñez murió de impacto en su primera visita a «Cantora», al descubrir que Paquirri padre dormía abrazado a un lechoncito. Con ella sigo embobado compartiendo su personalidad, gracia e inacabables éxitos. Tenemos buena sintonía, menos al sentarnos a compartir mesa. Le gusta –o gustaba– ordenar el menú y picotear de varios platos. Admiro su carisma, compartimos el gusto por los zapatos. Hasta 30 pares llegué a contar en un verano marbellero y me justificó el exceso en que «hay que variar para playa, media tarde y noche». Casi me convenció. Y así lo di a entender ante semejante trasiego, hoy ampliado con la colección que diseña para una firma de Elda. Me cautiva la profesional y me troncho ante su buen humor, a veces cáustico. Tenemos buen encaje, igual que ese público rendido, adicto y fiel como a ninguna otra. Creó estilo ya imprescindible e irrepetible. Larga vida, Teresa. Aún tenemos mucho que aprender de ti. Y felicidades, hoy cumples años y lo olvidaba como tú pretendes, sin saber qué portadas te dedicarán la semana que viene.

Source: Life Style

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Author: Redacción

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