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"Mi vida entera estará dedicada a vuestro servicio"

Su madre murió a los 102 años y ella está dispuesta a superarla. Le gusta, al fin y al cabo, aquello de batir récords. En 2006 ya sobrepasó a la reina Victoria al convertirse en la monarca que más tiempo lleva en el trono. Son 65 años con la corona puesta… y no tiene intención de quitársela. Las últimas Navidades, Isabel II, de 90 años, tuvo en vilo al mundo entero por su delicado estado de salud. Su ausencia en los servicios religiosos hizo saltar las alarmas. Pero el pasado domingo, acompañada de su marido, el duque de Edimburgo, de 95, sorprendía de nuevo asistiendo totalmente recuperada a una misa en la iglesia de Santa María Magdalena. Eso sí, llegó hasta la misma puerta en coche.

Aunque en Palacio no quieren ni escuchar la palabra, los últimos acontecimientos obligan a realizar la pregunta que varios medios británicos han vuelto a poner en la palestra: ¿ha llegado el momento de abdicar? Es cierto que en el último año redujo sus compromisos públicos y, como ya hizo su esposo al cumplir los 90, ha delegado en otros miembros de la familia real su cargo al frente de varias ONG. Pero tanto los expertos en realeza como su círculo más cercano aseguran que no abdicará debido a su fuerte sentido del deber y a su promesa, unos años antes de ascender al trono en 1952, de dedicar su vida al país. Fue en 1947 cuando la entonces princesa dijo a la nación: «Declaro ante vosotros que mi vida entera, sea larga o corta, estará dedicada a vuestro servicio».

Más del 70 por ciento de los británicos cree que Isabel II debe permanecer como reina el mayor tiempo posible, según una encuesta de Ipsos Mori realizada el año pasado. Sólo el 21 por ciento señaló entonces que debía abdicar en algún momento y el 9 por ciento se mostraba indeciso. Pero el 61 abogaba por la jubilación de la soberana.

El que está realmente en edad de jubilación es su heredero. Isabel II se convirtió en reina con sólo 25 años, pero el príncipe Carlos, a sus 68 primaveras, es la persona que más tiempo ha esperado el trono en la historia británica. Con todo, su progenitora no está dispuesta a cederle el testigo. Quiere ser reina el resto de su vida, como lo fue su padre, Jorge VI. Su progenitor se convirtió de manera inesperada en monarca por una abdicación: su tío Eduardo VIII dejó la corona en 1936 para casarse con la divorciada Wallis Simpson. Aquello supuso una auténtica crisis para la monarquía e Isabel II tiene ese recuerdo muy presente.

La experta en realeza Sarah Bradford insiste en que «ni siquiera ha contemplado la abdicación». Por lo tanto, a Carlos no le queda más remedio que seguir aguardando. Aunque algunos entendidos, como Ephraim Hardcastle, columnista del «Daily Mail», sugieren que el primogénito podría pasar el trono directamente a su hijo Guillermo o abdicar después de un breve reinado «como medio de expresar su pesar por haber tenido que esperar tanto». La cesión podría ser también para ayudar a preservar el futuro de la monarquía, ya que a lo largo de los años el veterano heredero ha sido objeto de críticas por razones personales –como su sonado divorcio de Lady Di y su relación extramarital con Camilla– y por cuestiones profesionales, debido a sus constantes intromisiones en la política. En 2015, sin ir mas lejos, se publicaron los llamados «memorandos de araña negra» (estaban escritos a mano con el distintivo garabato del príncipe) revelando hasta qué punto había expresado opiniones privadas a los ministros de su país. En este sentido, personas cercanas a afirman que Carlos planea hacer «intervenciones» al convertirse en rey, en contraste con la política de Isabel II de mantenerse fuera de los asuntos públicos, función, al fin y al cabo, que se le presupone a la corona.

El grupo de campaña República ha advertido que «Carlos derribará la monarquía si habla en voz alta» y respaldado las convocatorias de un jefe de Estado elegido para reemplazar a la realeza. Sin embargo, la encuesta de Ipsos Mori del año pasado encontró que el 76 por ciento de los británicos están a favor de mantener la monarquía. Muchos creen que el apoyo a los miembros de la realeza está muy ligado a la popularidad personal de Isabel y podría ser perjudicado si el reinado de Carlos no es bien recibido. En agosto de 1998, un año después de la muerte de Diana, el índice de aprobación de Carlos era sólo del 39 por ciento. Se ha recuperado desde entonces y ahora está en un 60, según el citado sondeo. La misma encuesta constató que el príncipe Guillermo goza de una calificación de aprobación más saludable, un 79 por ciento, sólo dos puntos detrás de la reina.

Source: Life Style

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Author: Redacción

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