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Ortega Cano, vuelta al ruedo y al matrimonio

«Torear es devolverme la alegría porque es lo que más me ha gustado hacer. Me da la vida», dice José Ortega Cano. Una vida que pondrá en peligro esta tarde en la plaza de toros de Benidorm, donde ya han colgado el letrero de «no hay billetes». El hombre llamado José Ortega Cano, que nació en Cartagena hace 62 años y que tiene repartidas por el cuerpo 38 cornadas por asta de toro y al que le han dado la extremaunción tres veces, se vuelve a jugar la vida en el ruedo ante los toros de Núñez del Cuvillo y acompañado por Morante de la Puebla y José Mari Manzanares. Desde hace nueve años no se ponía un traje de luces, hasta la corrida de hoy en Benidorm. El maestro confirma en esta entrevista a LA RAZÓN que en los tendidos estarán su mujer Ana María Aldón –que le ha ayudado a diseñar el traje en oro, lila y rosa que lucirá en el coso–, el hijo que tienen en común, José, de tres años y medio, y los dos mayores, Gloria Camila, de 20, y José Fernando, de 24. Ninguno le ha visto torear y para él no sólo es importante cuajar una faena, sino que quiere demostrar que siempre ha sido un maestro del toreo, más que un personaje de revista. Quiere que ellos guarden en su retina la imagen del hombre que él siente que fue y que será. También nos anuncia su proyecto de boda con la mujer que él ya considera su esposa de pleno derecho, a falta de la ratificación legal y la de la Iglesia.

–¿Por qué ha decidido volver a torear?

–Porque me gusta el cartel, fundamentalmente. Además, Morante y Manzanares han sido muy generosos conmigo, me han dicho «con nosotros no tengas problemas en cuestión económica, no tengas problemas si va gente o no, nosotros nos adaptamos a todo». Yo creo que se va a llenar y que será un día fantástico.

–¿Sí, pero cuál es la razón última?

–Que a mis hijos no les ha dado tiempo de verme y que hay muchos aficionados, mucha gente joven –incluso mi mujer– que tampoco ha podido verme porque dejé de torerar hace nueve años. Quiero que vean quién es su marido y su padre en medio del coso y ante un toro como los de Núñez del Cuvillo.

–Además, estos últimos nueve años, no han sido los mejores para usted…

–Claro, hay que dar una vuelta de tuerca, que la gente sepa quién soy. Que aunque sólo sea por un día vean al torero, al tío que saca todo lo que tiene dentro para dar lo máximo. Yo no entiendo el toreo si no es un arte; para mí es una manifestación artística, donde los movimientos del torero tienen que ser como los de un bailarín que danza con ritmo. Ese es el toreo que yo siento.

–¿Tanto esfuerzo para un solo día?

–Pues sí, porque no es una vuelta a los ruedos. Sólo toreo esta tarde. Para mí sentir todo lo que te acabo de contar en un sólo día es el mayor regalo del mundo.

–Y el 17, ¿qué?

–Después disfrutaré recordando este día.

–¿Pasar por situaciones graves marca y cambia la vida?

–No me podía imaginar que me iba a ver viviendo en doce metros cuadrados, quince horas al día, durante un año y medio. Yo le busqué a eso su tiempo para pensar, su tiempo para leer y escribir, su tiempo para meditar sobre cosas que no tenía que haber hecho. Tampoco abandoné mi preparación física. He salido de allí más fortalecido y físicamente mejor.

–¿Qué cornadas pesan más, las 38 producidas por los toros o las de la vida?

–A todo hay que sacarle la parte positiva. Intento ser optimista. La vida está llena de obstáculos que no son tales.

–Maestro, ¿ha toreado alguna vez con alguno de sus hijos en brazos?

–Yo no lo he hecho nunca, pero si Fran lo hizo seguro que fue con la máxima seguridad. ¿Cómo va a querer un padre que le pase algo a su hijo pequeño? Lo que pasa es que ahora se saca todo de contexto.

–Por cierto, cuando anunció su boda parecía algo inminente, pero seguimos esperando. ¿Se han arrepentido?

–No, la boda la celebraremos, pero nunca será una boda como la que hice con Rocío. Se hará una cosa más personal, más íntima, y estoy esperando a que termine el tema de la Justicia. Cuando llegue ese momento, se hará.

–¿Cuándo acaba de pagar sus cuentas con la Justicia?

–En octubre. Una vez terminado, nos casaremos.

–¿Nos sorprenderá con una boda en secreto?

–No, no tiene por qué ser así. Nosotros no nos iremos al extranjero a casarnos, lo haremos en España, en cualquier sitio, porque cualquier sitio es bueno cuando hay intención. Yo creo que ya estamos haciendo vida de casados y, además, felizmente.

Source: Life Style

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Author: Redacción

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