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Paloma Linares: "En cualquier momento me caso"

Palomo Linares cuenta que en su juventud siempre tuvo amigos mucho mayores que él de los que aprendió bastante, especialmente de pintura, la que se convertiría en su segunda profesión tras los toros. En Venezuela se hizo íntimo amigo de Arturo Uslar Pietri –«el hombre más listo que conocí en mi vida», dice– y del presidente Raúl Leoni. En Colombia, de los mandatarios Misael y Andrés Pastrana y de la prominente familia Jaramillo, además de los artistas Fernando Botero y Alejandro Obregón. Pasaba meses en esos países por las corridas locales, pero se llevaba consigo sus herramientas de pintura y aprovechaba para aprender de los maestros que lo rodeaban. Ahora se dedica enteramente a pintar y agradece haber entendido que «el toro no podía esperar, pero el lienzo, sí». Su más reciente exposición, de más de 30 piezas, abrió el jueves en la galería David Bardía de Madrid, donde estará hasta el 4 de junio.

–¿Cómo recibió el público su nueva exposición?

–Ya sabe que uno dice una cosa y luego piensa otra, pero estoy muy contento con cómo ha quedado. Las obras son, en su mayoría, mis nuevas creaciones, aunque siguen más o menos la misma línea de siempre, mi buque insignia.

–Algunos de los cuadros llevan los nombres de lugares, como Sáhara, Everest, Montblanc…

–Sí, son paisajes que he visitado, pero también vivencias y sueños. Cuando uno realiza una obra lo que creas no aparece de la nada sino que lo sueñas y te despiertas con esa imagen. Creo que toda mi obra está basada en la naturaleza, porque siempre he vivido en el campo y cuando cierro los ojos los paisajes que veo son extensos, horizontales.

–¿Y los toros qué lugar han tenido en su arte?

–No puedes huir de algo que ha sido tu vida, que en mi caso son los toros. Por eso muchas veces hay movimientos, algunos reflejos y, sobre todo, el color, que transmite lo que he vivido y llevo dentro de mí. Me gusta que descubran mi obra y hay casos en los que yo veo un horizonte, por ejemplo, y mucha gente ve un toro. Asocian mi profesión como torero a mi arte. Y me parece maravilloso.

–Pero ésta también ha sido su profesión desde hace décadas…

–Sí, mi primera exposición fue en Bogotá, en 1967, y la evolución que ha sufrido mi trabajo es evidente. Hay una frase fundamental en la pintura de Picasso que dice que llegaría a ser un magnífico pintor cuando pintase como un niño. Lo más importante para mí es cuando todavía no le tienes miedo al lienzo y al color y espero que ese momento tarde mucho en llegar.

–No tuvo una educación artística formal por haberse dedicado inicialmente a los toros en vez de al arte…

–Mi juventud siempre fue de trabajo porque a los 7 años dejé de ir al colegio y me puse a trabajar de aprendiz de zapatero remendón. Yo tenía una idea muy clara y ésa era que iba a subsistir. Vengo de una familia de nueve hermanos, un padre minero y desde pequeño supe que quería ser independiente y buscaba el tiempo para pintar las aceras, aunque más de una vecina salía con la escoba a quejarse. Siempre supe que quería ser torero y pintor, y tuve la feliz idea de dedicarle el tiempo debido a cada cosa.

–Acaba de cumplir 69 años y se le ve muy bien, con un vigor que también reflejan sus cuadros, pero tuvo una época en que la salud le falló…

–No me siento mayor, me siento trabajado. No estoy bajo tierra porque Dios no quiso pues, aparte de los percances profesionales, pagué las preocupaciones con el fallo de mi corazón. Tuve tres infartos y varias anginas de pecho, pero me he recuperado y tengo ganas de seguir creando y regocijándome en mi trabajo.

–Se le ve, además, muy bien acompañado…

–Felizmente acompañado. Concha y yo llevamos casi tres años. Respeta mi profesión, es un apoyo y una delicia estar con ella.

–¿Cómo se conocieron?

–Fue en un evento al que inicialmente no pensaba asistir –la entrega de los premios Antenas de Oro–, pero lo organizaba un amigo mío, así que fui y Concha estaba sentada en mi mesa. Ella me conocía, pero yo ni me imaginaba que era quien era, una magistrada. Al principio vi a una chica guapa a mi lado, pero, de pronto, vi que la llamaban «ilustrísima», que los militares se le cuadraban y, claro, viéndola tan joven (sólo tendría 36 años) y tan guapa, me salió del alma preguntarle: «Pero, bueno, ¿tú quién eres?». Cuando me contestó, pensé: «Menos mal que no había intentado ligar con ella».

–¿Hay boda a la vista?

–En cualquier momento. Esas cosas no se planifican, llegan. Un día te levantas y dices: «hoy va a ser». Estamos muy felices como estamos, para mí es ya mi mujer, así que formalizarlo creemos que es algo secundario.

–¿Le quedan ganas después de una dura separación, en la que se pasa mal?

–No, mi separación fue para mí una liberación más que un sufrimiento.

–Ayer comenzó la Feria de San Isidro, ¿se le verá en la plaza?

–Cuando llegan estas fechas, todos los que hemos estado tantos años en la profesión sentimos el cosquilleo. Una feria como ésta se vive con una pasión y una responsabilidad muy grande porque depende mucha gente de ti. Y se le añade el ego de querer conquistar el sueño de lograr triunfar en una plaza como la de Madrid.

–El año pasado coincidió con el Rey Emérito en San Isidro, ¿cree que este año también se encontrarán?

–Yo había estado con él en los toros, invitado por la Casa Real, cuando aún era príncipe. Además, he tenido siempre una gran admiración y amistad con Don Juan Carlos y Doña Sofía. Esperemos este año ver a nuestro Rey en los toros. La Casa Real siempre ha apoyado la Fiesta Nacional y eso es importante, sobre todo ahora, cuando hay un rechazo de las libertades por parte de quienes nos quieren gobernar.

Source: Life Style

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Author: Redacción

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