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Pierre Casiraghi: "Soy un tío relajado"

Afalta de monarca, tenemos un príncipe regateando en la 35 Copa del Rey Mapfre de Vela. Hoy a las doce del mediodía el hijo pequeño de Carolina de Mónaco, Pierre Casiraghi, vestido de gladiador moderno, de negro, con casco y coraza, se bate contra el viento en la bahía de Palma de Mallorca. Ayer, antes del duelo, atendía a LA RAZÓN en el mismo pantalán donde amarra el Malizia, su catamarán con bandera de Mónaco. Pierre, aunque chapurrea el español, prefiere hablar en inglés y con acento americano. Es un joven espigado de casi dos metros, de tripita incipiente, rubio y con aspecto de náufrago. Pero sólo es su aspecto físico, porque alguien que lleva la caña de una embarcación de 300.000 euros no naufraga en la necesidad. Fue encantador. Y eso que llevaba seis horas sin parar de regatear y acababa de terminar la reunión que llaman «debrief», que hacen en la misma embarcación y que les sirve para ajustar detalles antes del gran día.

Así, tal cual. Sudado, pero sin olores extraños. Forrado en neopreno negro y con las bermudas por fuera, mantuvimos esta conversación a pie del Malizia.

–¿Cómo es el patrón?

–Soy un tío relajado. Hay que tener sangre fría y estar tranquilo para llevar este barco.

–¿Siente miedo por la velocidad que alcanza?

–Sí. El Malizia es muy rápido, pero no peligroso. Yo no tengo miedo, aunque no somos unos locos. Hoy hemos alcanzado los 26 nudos y en el lago italiano de Garda llegamos a mucho más. Allí no hay olas, es una superficie lisa y podemos ir más rápidos.

–¿Cuánto lleva navegando en esta «nave voladora»?

–Empecé en Italia hace tres meses, pero llevo navegando toda mi vida. Mi hermano Andrea también es aficionado, aunque él no compite en estos catamaranes GC32.

–¿A cuántos metros sobre la superficie del agua pueden ir?

–Aquí, en Mallorca, ayer pudimos levantarnos uno, pero el Malizia puede llegar a volar dos metros por encima del agua.

–¿Y su esposa Beatrice Borromeo vendrá a verle competir?

–No. Ella está triste por la muerte de su abuela. No vendrá a Mallorca.

–¿Había venido antes a Palma de Mallorca?

–No. Es la primera vez que la visito

–¿Y cuál es su impresión?

–Muy buena, porque la organización es perfecta y me ha gustado mucho el campo de regatas. Además, la bahía está muy bien.

–¿Se pondrá a la altura de lo que los paparazzi esperan de su presencia en Mallorca?

–(Risas) Depende de lo que aguarden de mí. No tengo intención de salir por la isla de marcha, aunque algo me tomaré. Quiero hacer vida como un tripulante más. Soy un tío tranquilo. Los paparazzi son bienvenidos.

Cuando acabamos la conversación se fue con su equipo a la terraza del Real Club Náutico a tomarse unos refrescos relajadamente, como es él. Y, pudiendo alojarse en un lugar animado, han preferido estar «arriba, en las montañas».

La expectación de esta noche en Palma de Mallorca es la cena BMW para celebrar los 100 años de la marca. De ahí que sólo hayan invitado a un centenar de personas, entre las que se encuentra el cocinero Martín Berasategui, que es embajador y uno de los máximos directivos de la compañía alemana de coches. Han tenido el gesto, con la Copa de Rey de Vela, de traer al Real Club Náutico un coche fantástico, un BMW, que es el único que existe en el mundo y que no se venderá hasta 2017. No existen fotos, pero lo hemos visto igual que lo verá el Rey Felipe VI cuando pase por las instalaciones del náutico el jueves antes de navegar.

Source: Life Style

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Author: Redacción

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