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¿Qué come… Adriana Abenia?: Una pirómana en la cocina

Al grano. No se anda con chiquitas. Que quema los platos, pues ella lo reconoce sin tapujos. Que le sale un exquisito pixín a la asturiana (con un poco de ayuda, eso sí), pues lo comparte con sus seres queridos. Así es Adriana Abenia, una mujer todoterreno que se crece en las adversidades y siempre le pone una sonrisa a la vida y también a la gastronomía, aunque no sea su fuerte. «En realidad, suelo quemar todo lo que cocino. Menos incendiar la cocina, lo quemo casi todo, eso sí, bacterias pocas… Así que, visto el resultado, mi familia y amigos no confían demasiado en mí. Por ejemplo, este año me encargué de la cena de Nochevieja y para que nadie masticara cenizas dejé las patatas en el horno un poquito menos y las serví crudas. La cena fue caótica y muy creativa, como yo, pero nos reímos muchísimo. Aprovecho para confesar que lo que más les gustó fue el postre: natillas caseras con galletita celíaca. Eran, en realidad, de tetra brick», dice entre risas tras «desnudarse» ante sus comensales.

En cuestión de diferenciar la sal del azúcar tampoco es que tenga un «cum laude» y en alguna ocasión la ha liado. En su día a día explica que intenta no innovar y apuesta por lo seguro, que vienen a ser cremas de verduras, ensaladas «súper completas», arroz a la cubana, guacamole natural, garbanzos rehogados con ajo y coco… «Sergio (su marido) dice que todo sabe igual, y tiene razón, porque a todo le echo cúrcuma, vino blanco y pimienta», reconoce. Entusiasmo entre los fogones no le falta y su objetivo es llegar a ser como su bisabuela Carmen. «Cocinaba riquísimo y apuntaba todo en una libreta azul manchada de salsa de tomate. Ése era el mayor tesoro que nos dejó a la familia, sólo que no hemos sabido poner ese toque de cariño que hacía que sus platos fueran los mejores del mundo». También recuerda con especial cariño los táper que le preparaba su madre cuando era «scout». «Sus tortillas de patata estaban para chuparse los dedos y eran geniales para no desfallecer cuando me iba de excursión los fines de semana, ya que si no, acabábamos alimentándonos de salchichas de frankfurt socarradas en un camping gas, caldos de avecrem, leche condensada y regaliz de palo que íbamos arrancando de por ahí».

El hecho de ser celíaca ha obligado a Adriana a tener una atención especial con lo que come, sobre todo, cuando lo hace fuera de casa. «Necesito saber que en el restaurante van a tener todo el cuidado necesario a la hora de manipular los alimentos y así poder disfrutar como una más. Suelo comer bastante sano. La alimentación es primordial para encontrarse bien», afirma. Confiesa que detesta la casquería y se «pirra» por un buen arroz a banda hecho con caldo de «bullit de peix». No sabe nada…

Source: Life Style

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Author: Redacción

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