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Tamara está siendo tratada de tiroides

Su alegría me anima la rentré, ¡qué difícil es tornar! Ahora entiendo el «volver, volver» mexicano, aunque allí lo interpretan con entusiasmo. Es lo que me devuelve Tamara Falcó. Tras dos meses largos sin sus noticias siempre optimistas, suena su voz tan cantarina. Aleluya.

–No nos vemos desde tu última presentación para Hawaiian Tropic vestida con aquella tremenda túnica rayada de Escada. Te engordaba mucho.

–Es que yo me encontraba mal. Había engordado sin saber por qué. Me puse a régimen y finalmente dieron con el problema. No era cuestión de comida, sino de tiroides. Me están tratando y recuperé hasta el humor. Ando muy entregada con mi primera colección de ropa que proyecto presentar en noviembre. Nos veremos.

–Te imagino tranquila y encantada teniendo «colocados» sentimentalmente a mami Preysler con el Nobel y a papi Griñón con Esther Doña.

–No puedes imaginártelo. Con Mario me llevo de cine, aprendo, veo feliz a mami. Y una compañera que estuvo con ellos en México me cuenta cómo Esther cuida y atiende a papi.

Son admirables y envidiadas pasiones de tercera edad, como la del estupendo físico de Isabel, que, con el novelista, retomó su predilección por el verdísimo exotismo balinés de arrozales ensoñadores. Se lo recomendaría a ese otro dúo increíble de lo que ya es moda. Lo forman Cuqui Fierro y David Meca, él, sin nostalgia de sumergirse buscando las llaves como en aquel «matarile» juvenil que les viene pintado. Sólo objeciones levanta que ella lo apartase socialmente aún bañándolo en corbatas y otros caprichos más costosos. Tan desigual y admirada relación comprende su dedicación y ayuda económica a Aladina y a la asociación del padre Ángel. Las huestes de Arango andan a la caza y captura de objetos con que rellenar su mercadillo prenavideño del Eurobuilding.

Mucho me gusta detallar estos amores, no como los cursis y quinterianos amoríos tal son los de ida y vuelta de José Fernando y Michu. A ella la responsabilizan de males y excesos. Parece que maneja al chaval, que ahora parece recuperado, al menos físicamente. Ojalá sea la vencida tras su juvenil internamiento en Miami, Barcelona, Zaragoza –tutelado por quien lo vivió en carne propia como Pepito el Marismeño, que a la semana lo creyó irrecuperable–, luego tratado en la López Ibor y ahora asistido personalmente por un especialista del cuadro médico de Zarzuela. Me gustaría saber a quién trataba, si lo hacía, de tan variopinta prole.

De Michu cuentan de todo, algo increíble. Pero no lo son sus desnudos, que pronto saldrán a la venta y noquearán al José Fernando excluido del casorio de su hermana Rocío Carrasco con Fidel, aunque él piense que «lo hicieron para no robarles protagonismo». De altar. También espero qué dice, lamenta, despotrica, suelta, larga o critica Amador Mohedano a su hija por ser la única del clan chipionero que asistió a la boda de su prima tan deformada en cincuenta páginas. Parece mal augurio, «meigas fora».

Source: Life Style

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Author: Redacción

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