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Tarjeta roja para "el banquero de Chávez"

El 2 de diciembre fue caótico en Caracas. En una ciudad donde la gente hace colas de tres horas para comprar una baguette –o canilla, como le llaman localmente– y donde el tráfico convierte cualquier trayecto en una larga travesía, el caos es el día a día. Sin embargo, ese viernes el desorden alcanzó nuevas proporciones. Cuando los caraqueños, después de una larga espera, llegaron finalmente a pagar sus canillas, se encontraron con que sus tarjetas de débito y crédito eran inútiles, ya que los puntos de venta no tenían conexión. Corrieron a los cajeros más próximos, sólo para darse cuenta de que éstos tampoco funcionaban. El sistema de Credicard, la empresa líder en Venezuela en administración de tarjetas de crédito y de pago a través de puntos de venta, había colapsado.

Diez días después, uno de los propietarios de Credicard y presidente del Banco Occidental de Descuento (BOD), Víctor Vargas, fue detenido por el Sebin, la policía política de Venezuela, a su llegada al Aeropuerto Internacional Simón Bolívar. Twitter explotó con información del interrogatorio a Vargas por el «ataque cibernético» del día 2, como calificó Maduro el colapso del sistema. El BOD publicó un comunicado en el que dejaba claro que Vargas «fue invitado por el Sebin a trasladarse por sus propios medios a las oficinas del director de ese cuerpo de seguridad. Tras una cordial entrevista centrada principalmente en los recientes acontecimientos ocurridos en el sistema financiero nacional, Vargas procedió a retirarse a su residencia». Desde su gabinete de comunicación informan a LA RAZÓN que no hubo ni intimidación ni amenazas, pero que el empresario se está tomando muy en serio las acusaciones contra Credicard, de la que es dueño a partes iguales junto con el Banco de Venezuela (de propiedad del Estado) y el Banco del Caribe.

Vargas, de 64 años, es uno de los hombres más ricos de Venezuela, con una fortuna que se ha estimado en mil millones de dólares. Su entrada en el mundo financiero se produjo a través de la familia de su primera mujer, Carmen Santaella, con quien se casó en 1976. La fortuna de Vargas comenzó a crecer después de que comprara el BOD en 1994, cuando el país atravesaba una crisis bancaria. La entidad operaba entonces sólo a nivel regional y hoy es el cuarto banco del país, con un crecimiento del 83 por ciento el año pasado.

Vargas ha sido nombrado como uno de los grandes beneficiarios del actual régimen. El socialismo del siglo XXI ha visto crecer exponencialmente las fortunas de quienes han aprovechado sus contactos en el Gobierno para, por ejemplo, comprar bonos del Estado con información privilegiada. En una entrevista con el «Wall Street Journal» en 2008, Vargas se defendió de esas acusaciones: «He sido rico toda mi vida», afirmó. La verdad es que antes de la llegada del chavismo ya era un empresario acaudalado, cosa que nunca ha disimulado: «Se escriben historias sobre mí; dicen que tengo un Ferrari, un avión, un yate. Pero no es verdad. Tengo tres aviones, dos yates y seis casas», contó entonces desde su residencia de El Country, un elegante barrio de Caracas.

También tiene un piso en la Quinta Avenida de Nueva York y casas en República Dominicana, Palm Beach y Miami, donde nació Guadalupe, su hija menor, fruto de su matrimonio con Beatriz Hernández, con quien está casado desde 2013. Hernández, 30 años menor que él, es diseñadora de joyas y madre también de Víctor Jr.. Guadalupe nació en Estados Unidos porque el embarazo se complicó y la niña se adelantó varias semanas, pero la familia Vargas tiene su residencia principal en Caracas. De todos modos, viajan a menudo a Florida porque poseen allí un campo de polo, deporte al que Vargas es aficionado.

El año pasado se publicó que le había sido negado el visado americano por estar entre los «venezolanos sancionados» por ese país por su relación con el chavismo. Sin embargo, su gabinete de comunicacón negó entonces esa información. Aunque el empresario sí estuvo en una situación delicada con las autoridades estadounidenses en los noventa por un banco del que era dueño del 21 por ciento y que fue cerrado por fraude. Según el «Wall Street Journal», varios ejecutivos de la entidad fueron a prisión y, aunque Vargas no fue acusado, los investigadores aseguraron que mintió sobre su conocimiento de las prácticas ilegales. Fue sancionado con una multa de más de un millón de dólares y tuvo que jurar por escrito que no invertiría más en bancos americanos.

Se comenzó a hablar de una relación entre Vargas y el chavismo en 2002, cuando no quiso participar en el paro nacional que se había organizado para tumbar al Gobierno. Aunque no ha demostrado su apoyo al régimen abiertamente –«un hombre de negocios debe lidiar con su Gobierno, sin importar cuán de derechas o izquierda sea», dijo al diario estadounidense–, pronto le apodaron «El banquero de Chávez». Por eso mismo sorprende que ahora Maduro haya detenido y acusado a varios ejecutivos de Credicard por el colapso del 2 de diciembre. Desde el BOD niegan rotundamente que Vargas tenga algún vínculo especial con el poder gubernamental y ponen el caso actual como ejemplo de ello; de hecho, dicen que les están «asediando» y que han amenazado con nacionalizar Credicard. No es la primera vez que el banquero tiene desencuentros con el Gobierno. En 2008 quiso comprar el Banco de Venezuela, pero, cuando ya había pagado un adelanto de 150 millones de dólares, Chávez anunció su nacionalización. Muchos argumentan que el colapso lo causó CANTV, la empresa del Estado encargada de los servicios de comunicación e internet, sin los que el sistema de Credicard no puede funcionar. La detención de Vargas sería un intento del Gobierno de librarse de culpa: «Tenemos comprobado que fue un hecho deliberado lo que hizo Credicard», aseguró el presidente. Desde el BOD explican que no tendría ningún sentido que el «ataque» se hiciera desde su entidad, pues el gran perdedor fue la banca privada, que no pudo cobrar las comisiones de servicio ese día. Mientras tanto, los ciudadanos esperan ansiosos que se emitan los nuevos billetes tras la retirada de circulación de los de 100 bolívares, y tratan de aclarar en qué quedó el diálogo entre Gobierno y oposición. Y, por supuesto, las colas para comprar pan siguen dando la vuelta a la manzana.

Source: Life Style

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Author: Redacción

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