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Terelu Campos: «Si tengo que pedir ayuda por mi estado de ánimo, lo haré»

Terelu Campos es una mujer cordial, amable y cercana. El día de la entrevista la encontramos agotada. Y no es para menos. La promoción de su libro copa la mayor parte de las horas del día que no está en «Sálvame» en directo. Pero las alegrías le llueven: amén de haber superado el cáncer que padecía, su libro, «Frente al espejo» (Planeta) se ha convertido en best seller. Gracias a él conocemos a la mujer sensible que se cuela en nuestras pantallas cada sobremesa, llena de miedos, generosa con sus amigos y donde explica que el suyo no ha sido un camino de rosas. La hija de María Teresa Campos no escora ninguna cuestión. Se muestra tal y como es. De hecho, es noticia en los últimos días por su bajo estado de ánimo.

–Nos tiene preocupados. ¿Cómo se encuentra?

–Estoy bien y no desearía decir mucho más. Atravieso uno de esos momentos puntuales que todos pasamos en la vida pero que, en mi caso, al estar en un programa diario, alguien te hace una pregunta y todo se dispara. Dicho esto, todos tenemos derecho a tener subidas y bajadas de ánimo y yo ahora estoy como estoy. Viviendo, que no es poco.

–En nuestro gremio, además, es frecuente el estrés, los nervios, las situaciones anímicas dispares, ¿tiene algo que ver con presentar o no presentar, como se ha insinuado?

–Pues no, en absoluto. Tiene más que ver con lo que me dices: que es una profesión de extremos. En mi caso –además– de exposición pública, y punto. No hay más. Pero el trabajo es salud y algo necesario; fundamental en una vida. Que se lo digan a todos aquellos que están desempleados. Siempre he podido con el trabajo, siempre. Los peores momentos de mi vida los he pasado al pie del cañón.

–Agradecerán tus palabras todos aquellos que están –o estamos– en una situación anímica baja…

–Si sirve para normalizar que uno puede estar fenomenal o menos bien, estupendo. Y repito lo que dije en mi programa: si hay que pedir ayuda, se pide, pero de verdad que se ha sobredimensionado todo.

–Acaba de recibir el alta médica por el cáncer de mama que padecía. Muchísimas felicidades.

–Gracias. De corazón. A ti y a todas las personas que se han alegrado conmigo. Los meses hasta la última revisión han sido una angustia tremenda. Ahora estoy muy contenta, pero me da miedo decir que he ganado la batalla al cáncer…

–A partir de ahora, ¿qué puede hacer que antes no podía?

–No hay un «por fin ahora puedo»; en su lugar, hay un «ahora me levanto y no toco las pastillas que estaban sobre la mesita de noche». Pero, realmente, no había nada que no pudiera hacer. Ahora me siento muy libre y cruzo los dedos.

–Libre y, sin embargo, no le aterra exponerse en un libro.

–Bueno, en un principio sí, ahora que está hecho, no. Enfrentarme al reto fue lo más difícil, pero asumo las consecuencias y ni lo releo. No puedes vivir con miedo porque la vida ya te da palos suficientes para torturarte.

–Se le nota cansada.

–Sí, pero muy contenta. Ser el libro más vendido en los últimos meses, con una reedición a los 15 días de salir, es más de lo que imaginaba.

–Emocionan las palabras que dedica a Beatriz, la mujer de su ex, a quien se la llevó un cáncer. ¿Qué hace para tener tan buena relación con una ex pareja?

–Bueno, primero de todo, tampoco me he llevado fenomenal con otras parejas de Alejandro, pero a Beatriz me unió la enfermedad. Además siento una profunda rabia porque era muy joven. En lo que respecta a mi ex, llevo divorciada 14 años y él y yo tenemos lo más importante, una hija en común. Eso conlleva establecer una relación de consenso y cariño.

–Quizá esté próximo el momento en que encuentre una pareja.

–No tengo la menor idea. De momento quiero disfrutar de la familia y de mis amigos. Aunque a veces me inquieta no llegar a encontrar a nadie con quien compartir mi camino el tiempo que me regale la vida. Pero lo espero. Confío en que nos crucemos.

–¿Se gusta más después de ponerse frente a este «espejo»?

–Está siendo un trabajo largo, ya cuento en el libro que no me reconozco. Antes era de una forma y ahora soy de otra. Cristina Soria me ayudó mucho y luego hago trabajo personal para aceptar que soy otras cosas, más allá de mi físico.

–Impactan las palabras que dedica al suicidio de su padre en el capítulo que reza: «Te perdono, papá».

–No quiero volver a entrar ahí. Fue traumático para mi hermana y para mí y no quiero añadir nada a lo que he contado en el libro. Además, ya lo sabéis. Quiero cerrar ese capítulo de mi vida por el respeto que mi padre merece.

–¿Qué les ha dado a los de «Sálvame» para escribir un libro?

–Ha sido casualidad. De hecho, nadie sabía que yo lo estaba escribiendo. Ni yo que lo estaban haciendo Carlota y Cristina Soria. A mí me dijo la editorial que me callase y lo llevé a rajatabla. De hecho, los directores se quedaron a cuadros cuando se lo dije.

–Siempre ha sido muy reservada en las entrevistas pero aquí habla a «corazón abierto». ¿Pudor, miedo…?

–No puedo tener miedo porque, después de la enfermedad y el pavor que he pasado, sé que vivir así es terrible. Además, no es tan trascendental como para que me condicione la vida. No hablo mal de nadie, solo hablo de mí. Únicamente aspiro a que os guste y que me conozcáis y me entendáis.

–Sé que se lo pasan bien en el programa, pero también sufren. ¿Fuera de cámara todo cambia?

–Cuando se pasa mal no hay ningún colegueo. ¡No es una obra de teatro y no hay ningún guión! Es lo que veis. Para fortuna cuando todo va bien y para desgracia cuando te toca algo a ti. Es la vida misma. ¡Ya me gustaría que no fuera tan real!

–Después de todo lo ocurrido en «Sálvame» y las disputas por declaraciones dichas fuera del plató, ¿ahora se guarda lo que piensa porque al final siempre acaba sabiéndose?

–Es difícil porque convives muchos días y horas. Puedes pensarlo, pero al final priman las cosas buenas. Yo soy así. Lo malo lo dejo en un cajón, me quedo siempre con lo bueno porque no puedo vivir en el rencor.

–Por cierto, ¿tienen que tomar tila o ansiolíticos para no salirse de sus casillas?

–Ni tila ni válium: sumial, que evita las taquicardias. Pero por arrobas (risas). Nos debería patrocinar la farmacéutica.

–Una pregunta trascendental. ¿Iría a «Supervivientes»?

–No. ¡Sería peor que Oriana!

–Pero estuvo a punto de darle una sorpresa a Bigote.

–Eso hubiera sido de visita. Llegas, le das ánimo y «hasta luego Mari Carmen». No soy capaz. Tengo una relación con los bichos horrorosa y los insectos me dan pavor. Prefiero un león a una araña.

–Hablando de Bigote (Edmundo) Arrocet….

–Bien. Verle en la isla me ha acercado a él.

–Y su madre, ¿cómo se encuentra ahora?

–Fenomenal, está en plena forma. A ellos dos les veo mejor que antes, si cabe. Aunque él sigue teniendo la espinita de que no le contásemos nada cuando estaba en la isla.

–Hablando de otros «universos», ¿de qué forma ha visto el curso político?

–No voy a decir que no me interese. Eso de «no me interesa» es preocupante. La política nos atañe a todos porque conforma la sociedad en la que vivimos. Me afecta la sanidad, la educación de mi hija, la economía… ¡No se puede vivir al margen! Ellos se han puesto las pilas y lo agradezco. La sociedad ha cambiado y el bipartidismo ya no existe. Ahora hay que dialogar y consensuar –que me parece una palabra preciosa– y dejar a un lado el «yoísmo». Por último, no me gustan las radicalizaciones.

–¿Cómo vive una malagueña el «procés» independentista?

–No lo entiendo. Respeto a los catalanes y he trabajado allí como no he trabajado en ningún sitio. En Cataluña jamás me han tratado mal, adoro la comunidad, pero no entiendo la animadversión de ciertos políticos catalanes hacia el resto de España. El país les ha tratado con la grandeza que merece y no comprendo esta situación. La mayoría no quiere separarse de España, pero los que lo piden son los que gobiernan y hacen mucho ruido.

–Hay un repunte de feminismo…

–Y tiene todo el sentido. Hemos avanzado mucho, pero –desde la normalidad– debemos reivindicar cosas que son ciertas: no cobramos lo mismo, nos faltan muchos derechos por alcanzar. Para entrar en la rueda laboral hemos asumido más cargas.

–¿Nos han engañado?

–Por un lado entiendo esa frase, pero el trabajo te da muchas cosas: formación, dinero, socialización, independencia… El plus añadido «va de soi» como dicen los franceses.

–La tan traída maternidad subrogada que defiende Ciudadanos… ¿la regulamos?

–Sí. Es fundamental. Vivimos en el siglo XXI e igual que podemos implantarle el óvulo desconocido a un cuerpo, ¿por qué no poder hacerlo con alguien que firma un contrato contigo? Las parejas deben poder utilizar los medios a su alcance y que sean legales. Regulados. Pero no solo para los que tienen dinero. Debe de haber oportunidades idénticas para todos.

–Después de este libro, ¿se ha planteado escribir algo no autobiográfico?

–Sí. Y lo tengo muy pensado. Sería sobre los hombres. Desearía que se vieran reflejados muchos arquetipos y que la gente adivinara con quiénes he salido yo, quiénes han sido los novios de mi prima, mi vecina o mi amiga.

–¿Qué hace cuando está en casa?

–Me encanta hacer cenas en casa. Me estresa y me relaja al mismo tiempo. Tengo las dos versiones. También me gusta mucho estar en la cama: desayuno, me vuelvo a meter con un libro o con la tele. Y estoy obsesionada con las reformas de las casas, con los programas que te la remodelan… Mi hija me dice: «Mamá, lo tuyo es preocupante».

–Una pregunta incómoda, ¿le da rabia que su hermana Carmen vaya teniendo más cancha en los platós?

–¡Cómo puede haber rivalidad entre hermanas! Carmen es irónica y tiene mucho sentido del humor. Al haber dirigido tantos programas tiene un sentido del ritmo muy distinto al de un colaborador normal y corriente. Ese es su valor. A mí me gusta mucho como lo hace.

–Por último, mi madre está muy preocupada… ¿Se ha reconciliado del todo con Mila?

–Sí, claro. Cuando hago las cosas no es a medias ni de cara al público. Las hago de verdad. Al menos hasta esta tarde, que no sé que pasará (risas). En serio, la quiero muchísimo y tengo un profundo interés por no estar fuera de la órbita de su vida.

–Felicidades por el libro y un fuerte abrazo a Kike Calleja (coautor).

–De tu parte. Y ya te mandaré el de los hombres cuando lo escriba (risas).


Source: Life Style

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Author: Redacción

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