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Un desfile de estreno bajo el agua

Y en el desfile trece de los presenciados por Doña Letizia jarreó. La lluvia es una constante en la vida de los actuales Reyes, desde el día de su boda. Veinticuatro horas antes lucía un sol generoso en Madrid, pero fue estrenarse el Día del Pilar y llegar el otoño. Las inclemencias no alteraron el estilismo de las mujeres de la Familia Real. Sólo las niñas añadieron unos abriguitos de lana de la colección infantil de Carolina Herrera para esta temporada, de corte alto y con seis botones. Doña Letizia se decidió por un dos en uno de Felipe Varela, que la diseñadora Teresa Helbig define como «elegante y sin riesgos». El estilismo consistía en un ceñido abrigo-vestido en «tweed» blanco roto, decorado con un estampado floral bordado a mano en cristal y «georgette» negro, con amplio cuello a la caja redondo, manga larga y apertura delantera. El departamento de comunicación del diseñador confirma a LA RAZÓN la ficha técnica del abrigo-vestido de la Reina, aunque no están autorizados a especificarnos si es de la colección Crystal Army, la que presentó Varela en su regreso a la pasarela Cibeles y que no supone un guiño para presenciar un desfile militar, ya que la traducción sería «Ejército de Cristal».

Con un moño bajo trabajado con tenacillas y sin más joyas que unos pendientes colgantes antiguos de perlas y brillantes, Doña Letizia calzaba unos zapatos salón blanco roto de tacón fino, una generosa cartera en el mismo color, que algún compañero estilista comentó que se asemejaba a las del instituto y que portaba en su interior su famoso teléfono móvil que no dudó en consultar.

Dada la intensidad de la lluvia, se protegía con un paraguas a juego con el estilismo, en color negro. Al contrario que su predecesora, Doña Letizia no permitió que un ayudante le llevase el paraguas, igual que sus hijas, que seguían a sus padres en perfecta formación en hilera. Los de las niñas eran transparentes, lo que permitía ver que ambas llevaban el mismo peinado con sendas trenzas de raíz y que han crecido ligeramente desde la última vez que las vimos «oficialmente» en el posado veraniego en Palma de Mallorca. Ahora están igual de altas, a pesar de llevarse un año y medio de diferencia. Extrañamente, dado la intensidad de la lluvia y que existen zapatos más protegidos, las niñas calzaban manoletinas.

Source: Life Style

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Author: Redacción

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