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Un premio en mitad de la batalla

Se presentó como un verso suelto, como el «enfant terrible» de la moda española. Y la moda española en ese momento buscaba un alma rebelde, alguien que pusiera boca arriba los térmimos establecidos y que supiera captar la atención de su generación. Y David Domínguez, nombre real del diseñador malagueño, lo hizo. Bajo sus espaldas cargó con el peso de ser esa nueva voz que quería hablar al mundo de lo que sucedía en nuestro país. Estuvo en boca de todos por su colección de 2002, «Cour des miracles», donde un homenaje a Magritte y Luis Buñuel se transformó, sin él pretenderlo, en lo que algunos denominaron un alegato del burka. Pero lejos de enviar ese nombre al ostracismo, la firma que un año antes había ganado el premio del Circuit de Barcelona –y detrás de la cual se encontraban no sólo David sino también los hermanos Postigo (Deborah, Gorka y Bimba)–, se convirtió en una de las más conocidas de nuestro país.

Ahora, se reconoce su trayectoria altiva con el Premio Nacional de Moda, que fue anunciado ayer. Aunque su delicado estado de salud –le diagnosticaron cáncer a principios de año y en abril fue operado de tres tumores cerebrales– le ha hecho permanecer alejado de los medios en los últimos meses, el diseñador dijo ayer a Efe que se sentía «emocionado» por el galardón. Sin embargo, anticipó que seguramente no podrá ir a recogerlo, ya que se encuentra convaleciente en su casa en Málaga. La última vez que apareció en público, en septiembre, ya comentó abiertamente que el tratamiento de quimioterapia le era difícil de sobrellevar: «Hay veces que pienso, pero no puedo expresarlo. Recién operado era horrible porque entendía todo, pero no sabía decir nada, sólo balbuceaba. Hay días que hablo mejor y días que peor», afirmó. Por eso mismo no participó en la última edición de la Mercedes Benz Madrid Fashion Week: «Si desfilara en Cibeles estaría supernervioso, es un caos. Poner pie en un desfile no sabéis lo que es», dijo entonces.

Mucho antes del terrible diagnóstico, sus patrones de líneas rectas, sus mujeres de fuerte personalidad, su paleta de negro, gris, verde quirófano o rosa «mortadela», su propuesta por indagar en la moda sin géneros o su búsqueda de inspiración en artistas como Joseph Beuys y Louise Burgeois habían configurado ya una marca reconocible instantáneamente. Y no sólo eso. Una generación entera (o más) de jóvenes diseñadores se consideran herederos de la obra de David: la escena alternativa madrileña no habría sido lo mismo sin la existencia de Davidelfin. Pasó a ser una estrella que guiaba el camino de jóvenes con aspiraciones de modernidad.

Con el paso de las temporadas cada vez se fue haciendo más grande: sus «front rows» eran los más cotizados de la pasarela madrileña, llegaron los desfiles en Nueva York –inolvidable aquel primero, en 2009, cuando David y Bimba Bosé, su eterna musa, aparecieron con el pelo teñido del mismo tono de naranja–, la colaboración con Christian Louboutin y la popularización de un grafismo que, afirma, creó con su mano izquierda y que es un elemento más de su imagen de marca. A eso hay que sumar sus infinitas colaboraciones con marcas de todo tipo, que hicieron de Davidelfin una de las firmas más rentables del sector (aunque es cierto que no siempre se supo administrar bien). Lo más conocido de estos trabajos «ad hoc» seguramente sean sus azafatos de la película «Los amantes pasajeros», de Pedro Almodóvar (repitió, con cameo incluido, en «Julieta», el más reciente filme del director).

Source: Life Style

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Author: Redacción

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