Valverde y Dudamel sellan su amor en Madrid

Para María Valverde este año será especial por muchos motivos. El estreno de su nueva película, «Galveston», es uno de ellos, aunque el acontecimiento que marcará su 2018 será el debut de su marido, Gustavo Dudamel, en el Teatro Real. Si hace un año la asistencia de la actriz al concierto de Año Nuevo de Viena confirmó su noviazgo con el director de orquesta, la de esta tarde al coliseo madrileño evidenciará la consolidación de un matrimonio que un año atrás se casaba en secreto en Las Vegas, enlace que en agosto celebraron junto a los suyos en España, como publicó en exclusiva LA RAZÓN.

En vísperas, pues, de aniversario, el concierto será el preludio de unos fastos que no por señalados dejarán de celebrarse en la intimidad. Por eso, que hoy posen juntos dependerá más de un milagro o una decisión «in extremis» que de otra cosa. «Son muy estrictos», asegura a LA RAZÓN la organización del espectáculo, que contará con un «photocall» exprés sin redactores. Así, sorprende que la semana pasada, en plena presentación del concierto, el venezolano declarara –por primera vez– su amor por la intérprete de 30 años: «Estoy enamoradísimo de María, somos muy felices y nos compenetramos muy bien; la adoro, la amo… ¿Qué más puedo decir?».

Unas palabras que ella hoy sabrá agradecerle desde la grada, donde, al igual que en Viena, le aplaudirá fervorosamente y derramará alguna lágrima mientras contempla la conquista de su ciudad natal por Gustavo. Y es que, como certifican allegados de la pareja, María se ha convertido en un talismán para él y hace lo imposible para no perderse sus conciertos. «Con ella he descubierto mucha música», afirma el director de 35 años.

En el Teatro la acompañará su suegro, Óscar Dudamel, también músico y representante de su hijo. Los tres han mostrado su magnífica relación en París, donde pasaron juntos la Nochebuena, pues el venezolano actuaba hasta finales de diciembre en la Ópera de la Bastilla. A ellos se unieron Martín, el hijo de cinco años de Gustavo fruto de su anterior matrimonio, y Engracia, abuela paterna y una segunda madre para el batuta. La pareja también tuvo tiempo de pasear por el puente Mirabeau, ir de compras a las Galerías Lafayette y besarse frente a Notre Dame, donde el director obsequió a Valverde con un ramo de flores.

El día 30, junto al padre de Dudamel, aterrizaron en Madrid para tomarse las uvas con los de la actriz, que siguen viviendo en Carabanchel, y calentar motores para la actuación de hoy. Desde su llegada, ella ha sido la mejor anfitriona y se ha encargado de que Dudamel caiga rendido al encanto de la Villa y Corte: han visitado el Palacio Real y el Museo del Prado, han paseado por Sol y la Plaza Mayor, y no han faltado las cañas por la Latina, donde en su día Valverde vivió junto al también actor Javier Ríos, con quien salió antes de ser conocida.

El día de Reyes lo reservaron para recorrer Carabanchel, donde podrían alojarse, ya que allí han sido vistos varias veces en las inmediaciones del apartamento que Valverde compartía con su ex novio, Mario Casas. Lo difícil es reconocerla por la calle, ataviada con grandes gafas de sol, y a veces incluso con pañuelo. Un «look» más de Grace Kelly –como describen vecinos del barrio– que de Penélope Cruz, con quien la Prensa francesa la compara. Y es que la actriz persiste en guardar su anonimato. Le obsesiona desde su mediática ruptura de Casas en 2014, cuando su mudanza a Londres la alejó de una popularidad a la que no acaba de habituarse, como confirma su entorno.

Pero vuelve a su país cada tres meses porque necesita estar cerca de su familia. De hecho, quien la conoce sabe que a la artista no le desagrada que Dudamel planee dirigir una ópera en el Teatro Real y que su estancia navideña en Madrid puede ser la antesala de una futura mudanza a España. Él, con numerosas actuaciones en Europa, lo barajaría también como respuesta a la prueba de amor de María, que en 2016 se mudaba con él a Los Ángeles no por trabajo, sino por evitar una relación a distancia.

Lo cierto es que el círculo cercano de la ganadora de un Goya reconoce que se encuentra en una «crisis existencial» y que no descarta dedicarse a su otra pasión, la escultura. Lo confirmaba ella recientemente al diario «Libération», donde además condenó el acoso sexual en la industria del cine: «Lo he sufrido un par de veces, aunque nunca he vivido agresiones físicas». Se pronunció también sobre el desafío independentista para defender «una España unida».

Precisamente mañana parte a Barcelona, donde Dudamel retomará la batuta en el Auditori. Mientras que en las redes no cesan de pedirle su reencuentro cinematográfico con Casas, María vuelve a hacer la maleta, donde colecciona los sueños que hoy cumple junto a su compañero de vida. Quienes la conocen lo corroboran: «Ella ni pensaba casarse, se quedó muy tocada tras romper con Mario, pero llegó Gustavo y le devolvió la ilusión».


Source: Life Style

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Author: Redacción

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