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"Van a matarme", suspira la Campos

Terminamos y empezamos año dándole a su matraca, un incesante y variable runrún diario. Fue el contrapunto de villancicos y mensajes navideños; ya nadie salvo la elegante Esther Koplowitz manda tarjetones y mantiene las formas. Todos pendientes de qué será lo nuevo de Terelu, cómo justificará sus disparates y agresiones tan prepotentes como el inaceptable «¡vete a la mierda, mamá!», donde la traicionó el subconsciente, porque ante las cámaras siempre se dirige a ella como Teresa, una manera absurda de marcar distancias que nunca entendí. Allí, rodeada de cámaras, apurando los gestos y reacciones, Terelu no despreció a Teresa, lo hizo con su madre rompiendo lo establecido. Jugarretas del destino que, en su caso, parece estar bien maquinado para sacarle el máximo jugo económico, algo bien respetable porque mercadea con lo suyo. Runrún incesante, reprobación, descalificaciones progresivas y mucho «ya lo decíamos nosotras».

Ahora quizá entienden por qué ya no compone panda con Nuria y Yolanda González, íntimas desde que la hoy señora Fernández Tapias –cada día más recuperado, al punto de celebrar la Nochevieja en su casoplón– montaba los desfiles de moda en los programas donde María Teresa siempre prestó apoyo a cuanto nuevo se llevaba. Hasta en eso fue pionera, camino luego seguido y consolidado por Jesús María Montes en la primera, donde su programa especializado lo presenta Nieves Alvárez con más conocimiento que voz. A veces mezclan churras con merinas porque el panorama no está para fuegos artificiales, aunque el 080 Fashion ya tiene cuatro días barceloneses a finales de mes añorando y mejorando los tiempos iniciales de Moda del Sol con María del Pilar Comín y Segismundo de Anta como empujadores de aquellos desfiles donde empezó la hoy recuperada en su gloriosa cumplida setentena Alicia Borrás. Hace un par de años Alex Stiles buscaba una cara de los ochenta que poder relanzar. Me pidió gestión con la Abascal: «Quítatelo de la cabeza: te pedirá un pastón, exigirá lo infinito, todo serán pegas y quizá ya le cueste moverse», le dije. Le sugerí a Alicia, de la que él no tenía idea aunque fue plato fuerte en las colecciones de Pertegaz y Rodríguez con su rubia belleza, distinta un poco al aire de la actual y bipolar Terelu, plato fuerte y a veces suficiente de la programación de Tele5. Madre Teresa, inteligente, no entra al trapo, se mantiene al margen: «Pero van a matarme», me dijo tras regresar de su Nochevieja-luna de miel lanzaroteña con el impagable Bigote Arrocet, auténtico salvavidas, para algunos «el malo» de la película. «Van a matarme», repite Teresa desde hace semanas. Es el arma arrojadiza cobardemente usada contra la maestra de presentadores. Ninguna como ella, y las hubo buenas, entre las que destacaba Rosa María Mateo sin tantos registros.

Conscientes del daño que hacen, se ensañan con el polifacético y enamorado Edmundo inventando, imaginando y fantaseando posibilidades desde económicas a sentimentales. Sólo no cuestionan su capacidad artística, bien de humorista o imitando hasta cien voces. ¿Qué pasó con el proyectado «show» ideado hace dos años? Nunca más se supo y permitiría conocer todos sus estupendos registros, como dándole al bolerón «Si nos dejan, nos vamos a querer toda la vida», motivo de quebrantos imaginados con doble intención, tomando la letra de la canción con alegato resguardador. Acostumbrados a los desafíos y desplantes de Pantoja con temas como trajes a la medida tan de folclórica, buscaron más de lo que había. Yo estuve hace dos meses en su primera interpretación del tema y no olí lo que a otros chamusca por evidente. Sobra imaginación y maldad.

Como la incontinencia interesada y oportunista bautizó a Teresa, Terelu y Carmen como «Las Campos» como nuevo trío Lalalá, comparándolas a las disparatadas Kardashian. Juntas, pero no revueltas, porque las hijas van adosadas a la fama materna, lo de toda la vida. Teresa no hay más que una, como dice el pasodoble refiriéndose a España. Una, grande, libre. No hay color entre ellas pese a ser familia. La Campos domina cualquier terreno, su personalidad arrolla, domina todos los temas y salva escollos como los de la descendencia prodigando esas sonrisas enigmáticas tan reveladoras y que cautivan hasta al peor enemigo. Mandándola «a la mierda», Terelu, su hija mayor ya cincuentona, no solo faltó a quien le dio el ser, también a su maestra televisiva y al mito respetado menos por quien más dice quererla.

Source: Life Style

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Author: Redacción

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