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Vargas Llosa: Pensión completa y misa diaria por 40 euros

Aunque se declaró agnóstico, busca la luz en la «casa de Dios». En el Monasterio de Leire (Navarra), Mario Vargas Llosa es uno de los visitantes más queridos. Amigo personal del abad y de algunos de los monjes, el escritor suele escapar hasta este lugar para meditar en lo que parecen ser ejercicios espirituales. El Nobel no suele ir solo. Las normas de la hospedería interna del monasterio son estrictas: no se admite la entrada de mujeres. Sin embargo, el novio de Isabel Preysler estuvo allí hace diez días con dos de sus mejores amigos. Una estancia que duró tres días. Una persona que coincidió con ellos allí revela a LA RAZÓN que «en las distancias cortas es un hombre muy amable, agradable y simpático, que sigue las estrictas normas del monasterio al cien por cien. La estancia cuesta algo más de cuarenta euros con pensión completa. Se come bien y las habitaciones son austeras pero cómodas».

Fuentes cercanas al escritor afirman que ha sido Preysler quien le ha acercado a la religión. Vargas Llosa mantiene a sus 81 años una vida activa, viajando constantemente, ya sea por puro placer o por cuestiones profesionales. Con tanto ajetreo es lógico que de vez en cuando necesite buscar aislamiento. En este sentido, un amigo asegura que «la soledad y la reflexión forman parte de la filosofía de vida de Mario. Es un hombre que necesita su espacio y que nadie le condicione a la hora de escribir o de meditar».

T. S. Eliot y San Benito

En este monasterio benedictino, en el que están enterrados algunos de los reyes de Navarra, no ha descuidado tampoco la práctica de ejercicio físico. Recientemente, Vargas Llosa escribió un artículo en el que hacía referencia a la paz y la tranquilidad de la que disfruta en Leire: «Lo que un agnóstico puede entender y admirar en este lugar y en estas personas es lo que T.S. Eliot llamó “la continuidad de la cultura y la importancia que para la civilización tienen las formas”. San Benito no fue solo exponente mayor de una creencia religiosa, sino el adelantado de una manera de ser, de creer y de actuar que cambiaría la historia del mundo, echando los fundamentos de una sociedad más libre y más justa de las que había conocido la humanidad hasta entonces, de una cultura que dejaría una huella trascendente en la historia. Estos monjes acaso no lo saben, pero, haciendo lo que hacen, mantienen vivas las raíces de nuestra civilización, nos defienden de la desintegración política y moral, del retorno al salvajismo primitivo, ese mundo de instintos en libertad en el que, según la metáfora de Georges Bataille, en la jaula en que vivimos todos los ángeles podrían ser devorados por los demonios».

Como contrapartida a la vorágine mediática que vive junto a su actual pareja, el escritor goza en Leire de un silencio entre calladas montañas, que, según sus palabras, «es tan intenso que se le escucha», y añade que «cuando uno habla en el monasterio solamente susurra y sintetiza». Uno de los monjes de Leire afirma que «Vargas Llosa parece disfrutar entre estas paredes de una felicidad mística que no alcanzan otros, le gusta dialogar con nuestro abad, hablar de Teología, religión o filosofía. Y en alguna ocasión de política. En su última visita, se mostró muy preocupado por la difícil situación que se vive en Cataluña. Es un hombre muy culto y siempre que viene es muy bien recibido».

En su «otra» vida, de cara al público, el escritor ha sido protagonista en los últimos días de un rumor que le enemistaba con Ana Boyer. Un medio digital afirmaba esta semana que no estaba invitado a la boda de ésta con Fernando Verdasco. Pero nada más lejos de la realidad. Hace unos días, Tamara Falcó aclaraba que «mi hermana y Mario se llevan muy bien. No existe el menor problema entre ellos. Y sí está invitado a la boda. No entiendo por qué se publican informaciones sin contrastarlas. Pueden hacer mucho daño».

Curiosamente, quienes no están invitados son los hermanos Boyer, porque apenas tienen contacto con la hija que el ex ministro tuvo con la socialité. Tampoco es cierto que la familia Verdasco no mantenga una relación cordial con Preysler. «Las dos familias nos llevamos bien. No entendemos que se intente encizañar y buscar problemas donde no los hay», afirma Tamara. Su afinidad con los monasterios y el cultivo de la espiritualidad le viene de la lectura de «La montaña de los siete círculos», de Thomas Merton, un religioso que se entregó en cuerpo y alma a la contemplación y la reflexión en la abadía de Nuestra Señora de Getsemaní, en Kentucky.


Source: Life Style

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Author: Redacción

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