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Weinstein: De productor estrella a depredador sexual


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Quería salir de la suite del hotel Peninsula Beverly Hills lo más pronto posible. Pero, no sabía cómo. «¿Cómo puedo abandonar la habitación del hotel sin enemistarme con Harvey Weinstein?», recuerda que se preguntaba la actriz Ashley Judd. Era lógico. El productor, nacido en el seno de una familia judía en el barrio de Queens (Nueva York), era la puerta al éxito. Había conseguido llamar la atención de Hollywood, primero de la crítica gracias a sus películas independientes, y después en la industria por el éxito de taquilla del filme de Steven Soderbergh, en 1989, «Sexo, Mentiras y Cintas de Vídeo», que convirtió a su estudio Miramax en el principal escaparate de los independientes en Estados Unidos.

Ocurrió hace dos décadas. Judd recuerda que estaba rodando «El coleccionista de amantes». Había estado toda la noche filmando, pero, pensaba que una llamada de Weinstein era muy importante para desdeñarla. Por eso, aceptó el desayuno de trabajo con el gran productor de Hollywood. ¿Hablarían de la película? ¿Su futuro en concreto o en términos generales? ¿Más Películas? ¿Papeles? ¿Guiones? La cosa empezó a torcerse cuando la invitó a subir a la habitación y la recibió en albornoz. Recuerda la actriz que le pidió si podía darle un masaje o quizá ver cómo se duchaba. Ella se quedó en blanco.

El productor, que había distribuido la película del director manchego Pedro Almodóvar «Átame», empezó a enseñar sus músculos a Hollywood, que la consideraba película X. Por ello, no dudó en demandar a la Asociación de Películas de América por su manera de valorar las cintas. Más tarde decidió retirar la demanda, pero consiguió que se crease una nueva categoría: «No recomendado para menores de 17 años». En 1994, distribuyó la película de Quentin Tarantino «Pulp Fiction», y en 1996, Miramax ganó su primer Oscar por «El paciente inglés». Más tarde llegaron más éxitos de crítica y público con «Shakespeare in Love» o «El indomable Will Hunting».

En 2014, Weinstein repitió el «cortejo». Invitó a Emily Nestor, que tenía un trabajo temporal, al mismo hotel. Pero en esta ocasión fue más claro: si accedía a hacerle favores sexuales, podía lanzar su carrera. En cambio, esta vez el gran productor estaba sin albornoz. Ella era una una ayudante de su empresa, a la que Weinstein había perseguido hasta conseguir que fuese a ese hotel. Entonces, desnudo le pidió que le diese un masaje. «Se fue llorando de allí», escribió Lauren O’Connor, su compañera en un informe interno de la empresa, en el que añadió que «hay un ambiente tóxico en esta compañía».

Así las cosas, una investigación llevada a cabo por el periódico «The New York Times» ha desvelado esta semana las tres décadas de abusos sexuales llevados a cabo por Weinstein en un artículo, documentado con entrevistas a antiguos y empleados actuales y trabajadores de la industria de Hollywood. Además de estos testimonios, el periódico se ha basado para realizar su denuncia en documentos legales, correos electrónicos y material interno de las empresas del gran productor de Hollywood, Miramax y Weinstein Company.

No siempre sus víctimas se han callado. El rotativo ha descubierto también que a lo largo de esos años Weinstein ha evitado ir a los tribunales por su acoso sexual y conducta inapropiada gracias a que sus abogados han logrado llegar a ocho acuerdos extrajudiciales con diferentes mujeres. Según ha podido saber «The New York Times», entre ellas se encuentran una joven ayudante, con la que los representantes llegaron a un acuerdo en Nueva York en 1990; una actriz que denunció acoso en 1997; una ayudante en Londres, en 1998; una modelo italiana; en 2015; y la citada O’Connor, en 2016.

De momento, Weinstein respondió el jueves al periódico neoyorquino a través de un comunicado, en el que reconoció que «entiendo que la forma en la que me he comportado con mis colegas en el pasado ha provocado mucho dolor, y pido perdón de manera sincera por ello. Aunque estoy intentando mejorar, sé que tengo que recorrer un largo camino», se intentaba justificar en la nota escrita, aduciendo que ha solicitado ayuda psicológica y tiene previsto pedirse una excedencia para intentar solucionar estos problemas.

Estas palabras suponen un golpe de timón al comunicado emitido por su representante legal, Lisa Bloom, a principios de esta semana. Entonces, Bloom indicó que Weinstein «niega las acusaciones, que son falsas». Mientras, aseguró que Weinstein y O’Connor habían resuelto el «malentendido».

De momento, el productor y sus representantes legales se han negado a especificar cuánto pagó a las mujeres para evitar que interpusieran demandas con acusaciones de acoso sexual y conducta inapropiada. Mientras, no quieren ocultar estos acuerdos porque el lema de Weinstein es «mantener la paz».

Pese a ello, Bloom, que se encarga de aconsejar al productor en estas «cuestiones de género y dinámicas de poder», mantiene que «es simplemente un viejo dinosaurio que está intentando aprender nuevas maneras. Trabajamos en hacerle ver que debido a su situación de poder de una gran empresa, sus palabras y sus comportamientos se pueden percibir como intimidatorios». Sin embargo, en el informe investigado de O’Connor, la situación era bastante clara: «Soy una mujer de 28 años que intenta vivir y tener una carrera. Harvey Weinstein es un hombre de 64 años famoso y ésta es su compañía. La diferencia de poder es yo: 0, Harvey Weinstein: 10».


Source: Life Style

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Author: Redacción

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