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La curiosidad mató al gato

Sacamos las uñas, erizamos el pelo y, en ocasiones, ronroneamos, pero, si entre vosotras hay alguna Catwoman, que levante la zarpa, de un paso al frente y deje de leer, porque, ya sabéis lo que dicen, la curiosidad mató al gato, y de eso va el post de hoy, de curiosidades.

Para no aburriros demasiado (un poquito sí, pero sin enviciaros, para eso están las películas de la tarde) una decenita será suficiente.

1. El principio de la pasarela: hasta mediados del siglo XIX las costureras acudían a las casas de sus clientas para confeccionar allí la ropa. En 1857 Charles Frederic Worth –un británico en París- decide cambiar las cosas y hace que las clientas se desplacen a su maison donde organiza desfiles para exhibir sus colecciones anuales. Fue el primero en organizar una pasarela y el primero en coser una etiqueta con su nombre en una prenda de ropa. Se le considera el creador de la Alta Costura (como no hay que mencionar el nombre de Dios en vano, por haber escrito Worth –loado sea su nombre- he de rezar cinco Ave Marías y cinco Padres Nuestros o seré condenada a perpetuidad a vestir ropa de los chinos).

2. Vintage parece pero retro es: desde hace algún tiempo tenemos estos dos términos continuamente en la punta de la lengua y los usamos indistintamente aunque no sean lo mismo.

En moda las prendas y complementos anteriores a 1920 son antigüedades, de 1920 a 1960, vintage y a partir de esa década, retro (se admiten divergencias, porque hay opiniones de lo más variopintas).

La palabra vintage significa vendimia en inglés y se relaciona con la cosecha de la uva y la producción de vino y, por extensión, hace referencia a todo aquello con origen definido y diseño y calidad sobresaliente. ¡Atención, atención! Subrayo estas últimas palabras porque hay muchas prendas que simplemente son viejas, pero no vintage, es decir, no se trata de jugarnos los pulmones rebuscando en el arcón del trastero para rescatar de la familia polilla la bata de guatiné de la abuela de “Cuéntame” (por cierto, empezaron en la época en que gobernaba Franco y como sigan así, van a terminar, en un futuro muy lejano, a las órdenes de Dark Vader).

3. Ballenas: antes del nacimiento del plástico se utilizaban las barbas de las ballenas, flexibles, elásticas y de una resistencia y duración ilimitada para apuntalar las figuras femeninas con la ayuda de los corsés. Afortunadamente las mujeres hemos dejado de bailar en las fauces de estos cetáceos, pero el nombre del andamiaje se ha mantenido.

4. Del derecho y del revés: no sé si en vuestra vida de gatas curiosas os habéis fijado en que las prendas de los hombres abrochan de derecha a izquierda (botón a la derecha y ojal a la izquierda), colocación lógica y natural para una persona diestra. Sin embargo, la ropa femenina abrocha justo al contrario: de izquierda a derecha. La razón es que las damas de buena posición (¿qué posición? ¿decúbito supino? ¿decúbito prono? No sé, no sé…) eran vestidas por sus criadas, y, puesto que las vestían de frente, la labor era más sencilla si los botones estaban situados al revés. Mira tú por donde, las zurcían a latigazos pero se preocupaban de que sus manitas no se liaran al abrocharles los botones.

5. Por narices: los botones en las mangas de las americanas tenemos que agradecérselos a Napoleón Bonaparte. Sus soldados, que serían muy franceses, pero eran tan guarros como un pata negra de la dehesa salmantina, se limpiaban, no solo la boca después de comer, sino también los desechos nasales (mocos, para entendernos), con la bocamanga. Para evitarlo Napoleón ordenó coser botones en la manga-servilleta-pañuelo. Muy valientes, muy valientes, pero se vieron derrotados por unos botoncitos del tamaño de avellanas.

6. ¡Hasta luego, cocodrilo!: todas las marcas que se precien tienen un logo que las identifica. La mayoría recogen el propio nombre o las iniciales del mismo. En 1933 el tenista Jean René Lacoste fundó una compañía para confeccionar camisas de tenis. En las pistas, por su espectacular belleza física (ejem, ejem) le conocían como Alligator (cocodrilo), así que para identificar sus prendas le pidió a un amigo que le hiciera un dibujo de ese animal. Por eso, ahora pagamos 10 euros por un polo y 90 por un bordado de un lagarto verde.

7. Moda de cine: el cine ha tenido una tremenda influencia en el mundo de la moda, hasta el punto de que muchas prendas y complementos han robado el nombre de personajes cinematográficos e incluso de las actrices que las han inspirado. Ahí van cuatro ejemplos:

• Rebeca: aunque en la película de Hitchcock su protagonista, Joan Fontaine, no interpreta el personaje de Rebecca y sólo luce esta prenda en una escena, su elegancia fascinó a las mujeres de la época que la introdujeron en su armario como un básico. Afortunadamente no copiaron el estilo de la alegre y dicharachera ama de llaves.

 

Sabrinas: en la película Sabrina la maravillosa Audrey Hepburn, además de ponernos los dientes largos con un fantástico vestuario diseñado por Hubert de Givenchy, ayudaba a disimular la falta de estatura de Bogart con bailarinas o sabrinas, calzado que se convirtió en una de sus señas de identidad.

 

• Birkin: cuando la actriz Jean Birkin, musa de diseñadores, coincidió en un viaje de avión sentada junto al presidente de Hermés, Jean Louis Dumas, éste le preguntó cual era el motivo de que utilizar un cesto de paja como bolso. Ella le explicó que no encontraba ningún bolso de viaje cómodo en el que poder meter todo lo que necesitaba y que además fuera fácil de abrir. Él se ofreció a diseñarle un bolso a su medida, pidiéndole que le hiciera un boceto de su bolso ideal. En ese momento nació uno de los iconos de la moda. Yo hubiera coincidido en el Alsa con Ebilasio el cabrero y su cabra se hubiera comido mi cesto de paja, y así el mundo de la moda hubiera perdido una gran oportunidad.

Kelly: aunque el bolso no fue creado para esta actriz, sino que nació destinado a llevar las botas y la silla de montar de los jinetes, en 1930 se lanzó una versión más pequeña para las mujeres. Pero fue Grace Kelly quien lo inmortalizó al aparecer, disimulando con él su embarazo, en la portada de la revista Life. La casa decidió cambiar el nombre de “Petite Sac Haut à Courroies” (¡cielo santo! ¿cómo iba escribir todo esto en mi carta a los Reyes Magos?) por su apellido, en homenaje a la publicidad que le había hecho. También aquí hay clases, la Esteban anunciaba el conejo (va sin segundas, ¿eh?) y la Kelly un Hermés. ¡Así es la vida!

 

8. ¡Corcho!: en 1936 Salvatore Ferragamo patentó la plataforma de corcho. La falta de materiales impuesta por el aislamiento al que se vio sometida la Italia de Mussolini le obligó a buscar nuevos componentes para sus zapatos. Como la escasez agudiza el ingenio (o eso dicen), cosió los corchos de las botellas de vino, los forró de cuero y los convirtió en moda. Sé yo de algunos que con su afición al tintorro le podían haber surtido de corchos como para renovar la colección de zapatos de Imelda Marcos.

 

9. Agujas: el tacón de aguja, cuyo extremo debe ser inferior a 1 cm. de diámetro, debe su nombre a que, en su origen, escondían en su interior una aguja de metal que les permitía soportar peso sin desgastarse fácilmente. También reciben el nombre de stiletto por su parecido con esta daga fina y triangular. Aunque Andre Perugia comenzó a fabricarlos en 1906, se hicieron realmente populares cuando Christian Dior los incluyó en su colección New Look. Ambos podían haberse dedicado a hacer sudokus y mi vida hubiera sido muchísimo más feliz.

10. Unas gotas de Chanel 5: Coco, siempre Coco. Ella fue la primera modista en asociar un perfume a su firma de moda. Le pidió su elaboración al perfumista Baux. La única indicación que le dio es que quería algo diferente. Él le presentó varias muestras y ella escogió la número 5. Así de sencillo. A mí, particularmente, me resulta un poquito apestoso, pero es, sin duda el perfume más conocido y, probablemente, el más vendido del mundo.

Ya os podéis acostar, si ya sabéis alguna cosa más.

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Author: sierra

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