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Pepa Flores: el mito maleducado

Pepa Flores ha cumplido esta semana 68 años y en nada recuerda a aquella niña de ojos azules que convirtió en mito de una generación el personaje de Marisol. Alejada de todo y de casi todos, confiesa a sus íntimos, los pocos que le quedan, que «soy una ciudadana de a pie, que es lo que quiero y como mejor me siento… Cuando era actriz no me quería, y ahora sí».

Su vida actual, lejos de los focos y las cámaras, se resume en largos paseos junto a su marido y sus perros por la playa de La Malagueta, disfrutar al máximo de su familia y las largas temporadas que pasa en su finca de La Axarquía, muy cerca del pueblo malagueño de Frigiliana. Allí cuida su huerto, a sus gallinas y degustar platos como el ajoblanco, el potaje de hinojos, el chivo frito con especias o los garbanzos con callos. Dicen quienes la conocen que tiene buena mano entre los fogones.

En La Axarquía ha encontrado el anonimato y el silencio que antes se le negaba. Pero esa obsesión por huir de un mundo que le dio fama y dinero le ha traído muchas enemistades. Su último desaire se produjo el pasado lunes, cuando no acudió a la entrega de la Medalla de Honor del Círculo de Escritores Cinematográficos. Pepa Flores había delegado en dos de sus hijas, pero éstas disculparon su presencia el mismo día por la mañana, alegando problemas de índole personal. No es la primera vez, ni será la segunda. Es frecuente su rechazo a quienes le organizan homenajes.

Source: Life Style

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Author: Redacción

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