Donde las dan las toman

La impaciencia nos afecta a todos en mayor o menor medida. Podríamos definirla como la necesidad imperiosa de conseguir algo a corto plazo sin querer asumir el coste en tiempo y en esfuerzo que supone conseguirlo. Esa olímpica impaciencia, entre otros muchos defectos, es lo que ha determinado que Pedro Sánchez no sólo no haya conseguido algo que democráticamente no merecía, sino que se haya hundido como político para los restos… Rajoy, sin embargo, tiene como virtud más destacada la templanza y el resistir sin inmutarse, y eso le ha dado la Presidencia del Gobierno. Al final de este largo y tedioso impás por fin tenemos el tan esperado gabinete, que difiere muy poco del anterior, y espero que tenga firmeza gobernando pero sin dar la espalda a los españoles y a su bienestar. Ya es hora de que la única medida no sea la recaudación, teniendo achicharrada a impuestos a la población, mientras contemplamos cómo ellos dilapidan el dinero en asesores inútiles, guardaespaldas, coches oficiales, sueldos vitalicios y un Senado que lleva un año cerrado aunque todos siguen cobrando su sueldo por no hacer nada. Espero y deseo que después de todo lo que hemos visto y aguantado, que nunca debemos olvidar, la nueva legislatura nos dé un periodo de mayor bienestar y trabajo a los españoles.

Otro culebrón es el de Trump-Clinton. Esos pobres votantes también lo tienen muy duro. La elección es deprimente en cualquier caso. De entrada asombra que Hillary, en el país de las igualdades y progreso social, tenga que utilizar el apellido de su marido aunque sean costumbres anglosajonas. Tampoco tengo claro si es maruja o bruja malvada, ni acepto su propuesta del aborto hasta los nueve meses de gestación. Lo único que me reconciliaría con ella sería que la pillasen dándose un palizón de muerte en el despacho oval con un macizo becario, por aquello de que «donde las dan las toman». Siempre he pensado que su ansia de poder la hizo perder la dignidad ante el numerito de su marido y la becaria.

Trump simplemente está en el lugar y en un tiempo equivocados. Es sabido que las llamadas minorías –latinos, negros o asiáticos nunca le votarían dado su perfil nazi– ya son mayoría. Hay estudios que determinan que suponen más del 50% de la población, unido a que el «establishment» de su propio partido lo rechaza. Dejémonos sorprender por lo imprevisible, que en ninguno de los dos casos me gustará, excepto que Hillary sea la primera mujer presidente de los Estados Unidos por aquello de la cuota y la igualdad de género.

Y hablando de mujeres, el Museo del Prado dedica por primera vez una muestra a una mujer, la pintora Clara Peeters. Poco se sa-be de ella y eso engrandece aún más su figura. Nació en Amberes y vivió en la primera mitad del siglo XVII. Fundamentalmente se dedicó a los bodegones, un género que invita a reflexionar sobre las cosas menudas y los objetos cotidianos, que con el ascenso de una rica burguesía en Europa propició un gran florecimiento de este género, no para los palacios o templos si-no para las casas burguesas, contemplando su próspera cotidianidad y disfrutando de ella en la naturaleza muerta de esos lienzos que mostraban y congelaban sus riquezas. La pintura de Peeters es minuciosa y delicada, de una gran belleza y muy entretenida de contemplar. A través de ella podemos ver lo bien que vivían y comían en 1600 las personas con medios en los Países Bajos, con una enorme profusión de objetos bellísimos: joyas, manteles y flores. Recomiendo visitarla.

Este fin de semana no tendremos sobresaltos de cambio de horarios y esperemos seguir disfrutando la bonanza de este otoño a pesar de Carmena y su batalla por mejorar la contaminación.

Source: Carmen Lonana

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Author: Redacción

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