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El último deseo de Jesús del Pozo

«Jesús vestía a la mujer y a sus sueños», pero el gran diseñador español, que falleció en 2011, también tenía los suyos propios y, de manera póstuma, ha conseguido hacer realidad el tercero, el que le quedó pendiente, algo fácil de lograr con la ingente herencia que dejó. Así nace «Jesús del Pozo (1946-2011)», un volumen que recoge el legado del modisto castellano, pionero de la moda española en los años ochenta. Un homenaje en 30 testimonios que le brindan sus mejores amigos, clientes y colaboradores. Comenzando por su musa, Ana Belén, y completándolo nombres como Manuel Pertegaz, Enrique Loewe, Iñaki Gabilondo, Juan Gatti, Toni Miró, Vicente Verdú, Elena Ochoa, Luis Casablanca, Pilar del Castillo, Salvador Mateu, Emilio Sagi, René López de Haro, Sofía Torga…

w su lado más personalJesús del Pozo anhelaba tres cosas. Un cheque en blanco para poder despegar, que le llegó de la mano de su amiga del alma Isabel Yanguas, que cómo no es una de las cabezas visibles de la Fundación Jesús del Pozo; un taller de mayores dimensiones que el emblemático de la madrileña calle Almirante, donde comenzó en 1974 y creció como diseñador; y el tercero, de papel, un libro en el que recopilar su talento. Cual genio de la lámpara, frotó y frotó, pero el tercer deseo el genio no llegó a concedérselo a tiempo. Quizá porque uno pone menos empeño en lo que es para uno mismo y ese tributo a la belleza creada debía de venir por parte de los demás. Un homenaje que ve la luz cuatro años después de su muerte.

En el libro queda patente la eternidad de la elegancia y la belleza que él tanto buscaba y expresaba en cada una de sus colecciones, la importancia de la emoción e ilusión con la que se inspiraba y creaba. Pero también hay recuerdos, viajes, encuentros, experiencias y una cara menos conocida y más personal de Jesús.

«Jesús del Pozo 1946-2011» (Turner) «plasma en testimonios, bocetos y fotografías la vida y obra del diseñador en un relato a muchas voces, que entrelaza su lado más cercano, narrado por miembros de su pandilla de juventud y sus amigos de viajes, con su faceta más profesional, dos lados de una persona que a menudo se fundían en uno. Recoge el legado de uno de los creadores del estilo de la Nueva España en la que vio la luz la democracia», explica la editora de esta obra, María Eugenia Alberti, dueña de la frase que abre este artículo.

Su mentora, consejera y amiga, la publicista Isabel Yanguas, revela el día que le entregó el primero de sus deseos: «Le llevé el cheque en blanco en una cajita de plata con un lazo. Fue durante una comida en nuestro restaurante favorito. Lo rompió, pero le encantó la sorpresa y nos reímos mucho. También fue muy feliz en el ya mítico taller de la calle Almirante».

El último de los anhelos de Jesús del Pozo es una joya, un volumen de edición especial. Se trata de un viaje de 240 páginas a lo largo de su estilo, de sus telas y de su manera de entender el color porque, como expresa la periodista Silvia Alexandrowitch, «empolvado, matizado, sucio o aguado, mineral, vegetal o cósmico, ninguno de estos adjetivos , tan comunes en el lenguaje de la moda, pueden explicar los colores de Jesús del Pozo».

Abunda en la importancia del color en los diseños del modisto, «Es cierto que la paleta de Jesús era muy amplia, se inventaba los colores, les ponía nombres como “golondrina”, el gris azulado del ala del pájaro», recuerda Alberti sobre el diseñador, quién acostumbraba a teñir las telas en su taller, desde las sedas más finas hasta la castiza rafia, que aprendió a manejar en la cestería de la calle Almirante. «Todos los que escriben lo han conocido personalmente», pero Alberti remarca testimonios imprescindibles como el Luis Casablanca, ilustrador de cabecera de Del Pozo y la mano que firma los bocetos del libro, «al que –dice– yo llamo la memoria fílmica de Jesús, porque le preguntas que luz había el día que le entregaron la Aguja de Oro, y se acuerda hasta de que llovía».

Un lujo fue conseguir el testimonio de Pertegaz, uno de los representantes de la aguja española de la generación que precedía a Del Pozo. El diseñador, fallecido el pasado año, accedió a redactar unas palabras en recuerdo del madrileño en cuanto se lo pidió Alberti: «Le dije lo que estaba haciendo y me dijo que por supuesto, que era un chico muy fino que no hacía tonterías y majaderías y que le gustaba mucho por eso». «Quizá mi sintonía con él venga de una misma consciencia estética, sin ninguna obsesión por las tendencias», dejó escrito Pertegaz para recordar a Del Pozo. Cierto eran dos diseñadores que no se apoyaban en las tendencias sino que las creaban.

 

Ana Belén, la musa del diseñador

La cantante (debajo con uno de sus trajes) se convirtió pronto en amiga de Jesús del Pozo y en musa inspiradora de su obra e imagen de sus mejores creaciones. «Por encima de todo, quiero que la gente te vea ati», le decía el diseñador en cada uno de los vestidos que confeccionaba para ella de líneas, formas y volúmenes sencillos; de colores puros, sin estridencias, buscando la elegancia por encima de todo.

Source: Life Style

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Author: Redacción

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