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LOUIS VUITTON en Paris 2015

En la última semana, Nicolas Ghesquière ha ido dejando el rastro de su inspiración en las redes sociales.

Las mismas que han sido tomadas hoy por varias influencers internacionales, como las han bautizado desde Louis Vuitton, entre ellas las blogueras Chiara Ferragni y Leandra Medine “para dar su punto de vista sobre el desfile”.

De vuelta a Ghesquière, y a las fotos de paisajes que le han acompañado en el proceso creativo de su colección de otoño-invierno 2015, todas comparten un carácter inerte, árido y de aspecto lunar. Como de otro o un nuevo planeta. En consonancia con las carpas montadas en el ya de por sí cósmico edificio de vidrio que alberga la fundación Louis Vuitton.
Freja Beha es la encargada de abrir el desfile al son de una canción que lleva por título “Desierto del alma”.

Una melodía que marca el tono de unas propuestas que como ya pasara en Dior, parece que exploran el origen de una nueva especie. Nada de lo que presenta Ghesquière es particularmente experimental, aunque sí fresco, peor también retro.

Detrás de sus peludos y primitivos abrigos, sus omnipresentes motivos animales, sus encaje ensartado en piel y vestidos lenceros, la ondulada y dentelleada silueta que toma su punto de canalé, que además en un momento dado se cristaliza, y adquiere el reflejo plateado y dorado de los estampados estilo chinoiserie de vegetales y de anémonas, y la derivación casi molecular de la flor y la mutación del damero, sí se dibuja una moderna biosfera. La misma en la que además de los cofres tipo neceser a modo de bolso, caben las camisetas con el logo bien grande.

Marcando el territorio.





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Author: Redacción

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